No Somos Nadie

martes, noviembre 14, 2006

El extraño

No tiene el título nada que ver, al menos eso espero, con la película homónima de Orson Welles, aquella donde un nazi estaba medio escondido en un perdido pueblo con otra identidad hasta que alguien llega a buscarlo (o algo así recuerdo).

El título viene a cuento porque ayer me sentí ciertamente extraño. Por un par de cuestiones livianas, ayer no estaba en Santiago sino en Vilagarcía. Prolongué un día mi fin de semana y allí me quedé. Por la mañana, y a primera hora de la tarde, estuve resolviendo lo que me había hecho quedarme. Sin embargo, llegaron las 8 de la tarde y ya había quedado libre. Entonces me di cuenta, caminando por el centro, que hacía tiempo que no estaba por el medio de la semana en Vilagarcía sino era en fechas marcadas. Fuera de vacaciones, Navidades o algún lunes por la mañana no recordaba cuando había estado por allí. Hacerse de noche, ver a Vilagarcía cerrar sus comercios y tiendas, ir al súper... me acordé mucho de los años de instituto cuando yo estaba por la calle a esas horas. Y me sentí algo extraño.

Extraño porque apenas a 40 kilómetros el sistema vital es otro. En Santiago a las 8 es la hora de tomar unas cañas en los bares que están a rebosar de gente de mi edad. En Vilagarcía la gente tiene ganas de irse ya para casa. En Santiago sería normal que estuvieramos rodeados de una vitalidad diferente. Ayer vi a Vilagarcía en la exaltación plena de la idea que tengo de ella: 40 años, tu familia, vida hecha, tu casa, tu perro en el jardín... No es que viera un pueblo muerto, ni mucho menos. Simplemente que se respira de otra manera. Se ve gente de los institutos, no universitarios. Vi a un buen amigo abogado que iba de traje y corbata cuando yo, aún sabiendo que viste así por el trabajo, siempre lo veo de fin de semana.

No diría que no me gusta ese aire que se respira, simplemente me sorprendió la increible diferencia que puedes percibir cuando no te encuentras en tu rutina, en tu hábitat, en tu contexto. Me di cuenta de que los fines de semana que estoy allí, donde me siento tan dentro de mi pueblo, son una vida diferente. Los lunes, martes o jueves serán otra cosa.

Tengo suerte, porque estoy acostumbrado a sentirme todos los días como un viernes. Al día siguiente uno tiene que hacer cosas a la mañana, como un día normal, pero ya es viernes y el bullicio es diferente.

Ayer vi un lunes como no recordaba. Me sentí extraño y antes de irme a casa decidí simplemente pasear, a pesar del frío, para no olvidarme de cómo son los lunes de mi pueblo.

4 Comments:

  • At 3:38 p. m., Anonymous Anónimo said…

    Cada vez que voy a Vilagarcia entre semana de un dia laboral, me siento exactamente igual que tu. Y recuerdo los anhos de instituto!! En efecto, la ciudad se transforma el fin de semana.

    Y pienso de Vilagarcia exactamente igual que tu, un sitio idilico para tener 40 anhos, una familia y un perro en el jardin.

    Hoy no te critico nada...

     
  • At 3:51 p. m., Anonymous Anónimo said…

    Vaya por dios, por eso no había nadie ayer en el piso.

     
  • At 8:30 p. m., Anonymous Anónimo said…

    No sabes kmo me identifico con eso.Y aun no sabes lo kse siente cuando se deja Santiago y la vida de estudiante para siempre, y VUELVES a Villagarcia, pero de verdad, cuando vives de nuevo kn tus padres, y pasas cada dia de la semana aki, y te sientes extraño cuando haces lo contrario, irte un dia por la semana a Santiago, y te envuelves en su ambiente como si nunca te hubieras ido.
    Aplaza todo lo ke puedas lo de la casita y el perro, k si, es un planazo, jejeje, pero para cuando estemos mayores.BEA

     
  • At 12:54 a. m., Anonymous Anónimo said…

    algun dia supongo q llegara el q demos esos paseos en santiago... nos vemos cuando cae el sol

     

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