Contrastes
Es sorprendente como pueden variar las cosas en cortos períodos de tiempo. Este puente-acueducto que acaba de pasar me lo tomé como unas buenas vacaciones, como ya conté hace una semana. Volviendo de Lisboa, en esa maravillosa Bala Negra de Carpana, que ya ha pasado a la historia, hacía balance de esos días porque lo merecían. En el fondo puede que hayan sido unos pocos días de fiesta, nada más. Es probable que así sea. Sin embargo para mi, de noche por las carreteras portuguesas, y tras 4 días de catarsis constante, han sido reencontrar una parte de mi que hacía tiempo que no veía. Creo que fueron la combinación perfecta. No hubo planificación, sino improvisación constante, un dejarse llevar por el momento que me dio ratos auténticamente memorables.
Es imposible describir todo lo que allí pasó, y ni siquiera es la intención (ni la necesidad). Y no por ese comentario que se generó en aquel habitáculo, "o que en Lisboa pasou, en Lisboa ficou", sino porque todos estos días fueron fruto del instante, de cada momento. Eso fue parte de la magia. Sencillamente, desde este largo fin de semana he recuperado un tipo de sonrisa que me di cuenta que estaba perdiendo. Y eso, para mi, es algo que me supone tanta sorpresa y tanta gratitud que nunca se lo podré pagar a mis sufridos compañeros de viaje (y no solo los dos que volvieron a Galicia), a los que espero haber ayudado a algo parecido.
El lunes, de vuelta a la facultad por la mañana, a lo largo de la cual tomé miles de cafés, me deparó cosas diferentes. Todavía tenía yo el chip en portugués y llegué con una sonrisa que a buen seguro que se me notaba. Sin embargo la vuelta me ofreció algo parecido al tan utilizado tópico de "la dura realidad". Ayer mismo supe que algún proyecto personal se veía truncado, cosa que me fastidiaba porque me hacía ilusión. A la par en el tiempo supe que había ciertas cosas sobre mi actualidad académico-laboral (no sé ni cómo llamarlo) que no funcionarían según lo previsto. Y cuando eso pasa no suele ser bueno. Sin embargo todavía me quedaba la grande. A eso del mediodía conocí que (por fin!) se habían resuelto las becas anuales para investigadores, a las cuales tenía una sólida esperanza de entrar. Y allí aparecí yo... en la tabla que ponía "excluidos". No es momento ahora de que me queje de que no han valorado en ni un mísero punto (ni en una décima) mi trabajo de investigación del año pasado, aunque haya congresos que lo hayan admitido para exponer y alguna revista que es probable que lo publique. Sin embargo me jode. A fin de cuentas, no era una beca para ganar dinero pero sí para, por fin, dejar a mi madre que no tenga que seguir dejándome dinerito para hacer algo. Era el inicio de lo que espero que sean unos años de cambio vital. Y no.
Como diría uno de los ya míticos compañeros de viaje estos días: "Tío, vivimos como queremos, no te quejes". Y tiene razón. Seguro. Ahora bien, uno también tiene sus proyectos y sus ideas, y no hay que conformarse.
Me sorprende el bajón con el que ayer me fui a casa. Hoy me he levantado con otra sensación, quiero hacer cosas tan buenas que mejoren a las que haría si todo me hubiera salido de cara. Sin embargo todavía no me quito de la cabeza que me han dicho que no soy tan bueno como otros, porque eso me jode. Y más cuando creo que me lo merecía. Soy demasiado orgulloso a veces, pero esto ya no va solo conmigo, sino con mi entorno vital, y eso me jode más.
El domingo me reencontré como hacía tiempo que no me pasaba. El lunes me pegaron una buena bofetada. Poco me queda que volver a poner la cara de frente, saber lo chulo que fueron esos cuatros días y darle duro al tema para que no me vuelvan a pegar otro lunes. En ello estamos. Ya se sabe, la planta más fuerte es el junco, que cuando la doblan siempre se vuelve a poner de pie. Pues eso.
Es imposible describir todo lo que allí pasó, y ni siquiera es la intención (ni la necesidad). Y no por ese comentario que se generó en aquel habitáculo, "o que en Lisboa pasou, en Lisboa ficou", sino porque todos estos días fueron fruto del instante, de cada momento. Eso fue parte de la magia. Sencillamente, desde este largo fin de semana he recuperado un tipo de sonrisa que me di cuenta que estaba perdiendo. Y eso, para mi, es algo que me supone tanta sorpresa y tanta gratitud que nunca se lo podré pagar a mis sufridos compañeros de viaje (y no solo los dos que volvieron a Galicia), a los que espero haber ayudado a algo parecido.
El lunes, de vuelta a la facultad por la mañana, a lo largo de la cual tomé miles de cafés, me deparó cosas diferentes. Todavía tenía yo el chip en portugués y llegué con una sonrisa que a buen seguro que se me notaba. Sin embargo la vuelta me ofreció algo parecido al tan utilizado tópico de "la dura realidad". Ayer mismo supe que algún proyecto personal se veía truncado, cosa que me fastidiaba porque me hacía ilusión. A la par en el tiempo supe que había ciertas cosas sobre mi actualidad académico-laboral (no sé ni cómo llamarlo) que no funcionarían según lo previsto. Y cuando eso pasa no suele ser bueno. Sin embargo todavía me quedaba la grande. A eso del mediodía conocí que (por fin!) se habían resuelto las becas anuales para investigadores, a las cuales tenía una sólida esperanza de entrar. Y allí aparecí yo... en la tabla que ponía "excluidos". No es momento ahora de que me queje de que no han valorado en ni un mísero punto (ni en una décima) mi trabajo de investigación del año pasado, aunque haya congresos que lo hayan admitido para exponer y alguna revista que es probable que lo publique. Sin embargo me jode. A fin de cuentas, no era una beca para ganar dinero pero sí para, por fin, dejar a mi madre que no tenga que seguir dejándome dinerito para hacer algo. Era el inicio de lo que espero que sean unos años de cambio vital. Y no.
Como diría uno de los ya míticos compañeros de viaje estos días: "Tío, vivimos como queremos, no te quejes". Y tiene razón. Seguro. Ahora bien, uno también tiene sus proyectos y sus ideas, y no hay que conformarse.
Me sorprende el bajón con el que ayer me fui a casa. Hoy me he levantado con otra sensación, quiero hacer cosas tan buenas que mejoren a las que haría si todo me hubiera salido de cara. Sin embargo todavía no me quito de la cabeza que me han dicho que no soy tan bueno como otros, porque eso me jode. Y más cuando creo que me lo merecía. Soy demasiado orgulloso a veces, pero esto ya no va solo conmigo, sino con mi entorno vital, y eso me jode más.
El domingo me reencontré como hacía tiempo que no me pasaba. El lunes me pegaron una buena bofetada. Poco me queda que volver a poner la cara de frente, saber lo chulo que fueron esos cuatros días y darle duro al tema para que no me vuelvan a pegar otro lunes. En ello estamos. Ya se sabe, la planta más fuerte es el junco, que cuando la doblan siempre se vuelve a poner de pie. Pues eso.

3 Comments:
At 12:08 a. m.,
Anónimo said…
chaval, tienes todos mis respetos. Y ya sabes, lo que no mata al junco...
At 12:21 a. m.,
Anónimo said…
y tu no eres "un fulano con la lagriama fácil de esos que se quejan solo por vicio"... que los vientos te sean favorables que nunca choveu que non escapara. (El testimonio grafico es un bar inundado de galicia con lugareños tomandose una estrella galicia... buenisimo!!) venga abur
At 11:08 p. m.,
Anónimo said…
yo me quedo con esto: "quiero hacer cosas tan buenas que mejoren a las que haría si todo me hubiera salido de cara" el milagro de q cuando uno se cae, se levanta más fuerte, éso no lo hace el junco...
el viernes voy a santiago
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