No Somos Nadie

jueves, marzo 01, 2007

Un tonto con puntería

Dijo ayer Blondie, después del (lamentable) Betis - Sevilla, que la única cosa peor que un tonto tirando cosas al campo era un tonto con puntería.

Estoy de acuerdo con todos los que dicen que salvajes los hay en cualquier lado, que este impresentable que lanzó la botella hubiera roto escaparates en una manifestación si le hubiera cuadrado allí. De acuerdo. Es cierto que el que tiene predisposición a hacer cosas de tal nivel de estupidez, pues las hará en un momento u otro. Lo que pasa es que también es cierto que, innegablemente, el fútbol se ha convertido en un fenómeno de masas que favorece, e incluso alienta, ciertos tipos de actitudes y comportamientos.

Philip Zimbardo, allá por finales de los 60, estudió y teorizó sobre la desindividuación. Este nombre cuasi-trabalingüístico hace referencia al proceso por el cual una persona pierde su identidad personal en favor de la grupal, cuando se daban ciertas características dentro de un grupo social. Esta identidad personal (nuestra forma habitual de comportarnos y de pensar) se ve sesgada e influída por el contexto hasta tal punto que pasamos a ser casi personas diferentes, a tener una conciencia grupal y a desprendernos de todo elemento que nos diferencie en lo personal. Así se comportan las sectas (clásico ejemplo de este tema en clase), o instituciones más "aceptadas" como el ejército o la iglesia, grandes conocedoras (y todavía mejores usadoras) de estos procesos. El propio Zimbardo dirigió un conocido estudio sobre prisioneros y guardias en una prisión, con un final rocambolesco y asombroso (para los más frikis, ver la película "El experimento"). La financión vino por medio del ejército estadounidense, cómo no.

Así, los colectivos que generan este proceso suelen cumplir características como los uniformes, cánticos propios, eslóganes o principios básicos unitarios, fuertes jerarquías, rechazo desaforado a lo opuesto... Y ahí tenemos al fútbol. El individuo en el fútbol pierde parte de su sentido individual. Se encuentra en un espacio común, con unos colores representativos y en medio de un forofismo incontrolado. Si a esto le sumamos que periodistas y directivos se encargan de fomentar las diferencias grupales ("nosotros" y "ellos" llevados al extremo), de engrandecer la rivalidad como si fuera algo místico y de buscar puntos de desencuentro, nos encontramos con todos los ingredientes para generar lo que técnicamente se llamaría "conductas intergrupales hostiles", y que fácilmente le llamamos "a ostias con lo que sea del otro".

Sin justificar al gilipollas que lanzó la botella, y sin caer en tararear "la sociedad es la culpable" de Siniestro, pues me uno a los que dicen que la prensa y los directivos de fútbol viven de que estas cosas pasen. Y lo saben. Tal cual. Y así estamos.

Eso sí, esto no es fútbol, por más que lo quieran enseñar así (eso sí que me sorprende) los anti-fútbol (que de todo hay en esta vida). Fútbol es otra cosa, pero eso es otro tema.