Aquellos maravillosos años...
En estos días en que se recuerdan tiempos tan intensos, compruebo que no tenemos el suficiente aprecio por nuestra historia como debiéramos. La transición, tal y como fue llamada, es desde hace mucho tiempo mi época preferida. A veces creo que debí haber nacido en otra época, pues me hubiera gustado vivir la transición o la movida madrileña de los 80, qué se le va a hacer.
En momentos en los que la política divide, y genera la tan manida repulsa hacia los políticos, conviene recordar tiempos como aquellos. De ello ya se preocupan quienes celebran lo mismo hoy que hace 5 años (cuando se celebraba el 25 aniversario), o el año que viene con los 30 años de la Constitución (seguro). Al fin y al cabo, es el recuerdo de quienes nos olvidamos continuamente, de que ayer mismo todo era diferente.
Tiempos intensos aquellos donde se votó por primera vez un presidente del gobierno desde hacía tanto... Hoy tal celebración pasa ciertamente desapercibida en la población a pesar del bombo informativo. Quizá por la tendencia de nuestros políticos a olvidarse de la gente y, más aún, por la tendencia (más peligrosa todavía) de la gente de olvidarse de los políticos y solo acordarse de ellos para insultarlos.
"Hicimos lo que se nos pedía, lo que nos tocaba hacer, lo que se debía de hacer". Frase que, de una u otra manera, ha pasado por boca de tantos políticos de la transición española. Y cierta es. Recuerdo a Carrillo, en uno de estos homenajes lustrales a algún evento transicional, encontrarse de frente con el rey y, tras quedarse mirando uno al otro, darse un abrazo sentido. Recuerdo hablar a Felipe acerca de Suárez llamándole, tranquila y sencillamente, Adolfo. Algo habrá pasado cuando, en el momento más delicado de la historia moderna de este pais, tantos se quisieron sentar a rehacerlo, tantos quisieron aportar, y tantos lo hicieron. Suele ser tan difícil encontrar normalidad, que cuando aparece resulta sorpresiva.
Hace unas cuantas generaciones, este país vió a hermanos matarse. Luego vino la penumbra, vivir entre escombros y las cartillas de racionamiento. Nuestros abuelos y nuestros padres supieron entender que el aprobado común era mejor que el sobresaliente parcial. A nosotros nos toca la responsabilidad de que nuestros hijos se sientan tan orgullosos de nuestra labor como nosotros de la de nuestros predecesores. En nuestra mano está.
En momentos en los que la política divide, y genera la tan manida repulsa hacia los políticos, conviene recordar tiempos como aquellos. De ello ya se preocupan quienes celebran lo mismo hoy que hace 5 años (cuando se celebraba el 25 aniversario), o el año que viene con los 30 años de la Constitución (seguro). Al fin y al cabo, es el recuerdo de quienes nos olvidamos continuamente, de que ayer mismo todo era diferente.
Tiempos intensos aquellos donde se votó por primera vez un presidente del gobierno desde hacía tanto... Hoy tal celebración pasa ciertamente desapercibida en la población a pesar del bombo informativo. Quizá por la tendencia de nuestros políticos a olvidarse de la gente y, más aún, por la tendencia (más peligrosa todavía) de la gente de olvidarse de los políticos y solo acordarse de ellos para insultarlos.
"Hicimos lo que se nos pedía, lo que nos tocaba hacer, lo que se debía de hacer". Frase que, de una u otra manera, ha pasado por boca de tantos políticos de la transición española. Y cierta es. Recuerdo a Carrillo, en uno de estos homenajes lustrales a algún evento transicional, encontrarse de frente con el rey y, tras quedarse mirando uno al otro, darse un abrazo sentido. Recuerdo hablar a Felipe acerca de Suárez llamándole, tranquila y sencillamente, Adolfo. Algo habrá pasado cuando, en el momento más delicado de la historia moderna de este pais, tantos se quisieron sentar a rehacerlo, tantos quisieron aportar, y tantos lo hicieron. Suele ser tan difícil encontrar normalidad, que cuando aparece resulta sorpresiva.
Hace unas cuantas generaciones, este país vió a hermanos matarse. Luego vino la penumbra, vivir entre escombros y las cartillas de racionamiento. Nuestros abuelos y nuestros padres supieron entender que el aprobado común era mejor que el sobresaliente parcial. A nosotros nos toca la responsabilidad de que nuestros hijos se sientan tan orgullosos de nuestra labor como nosotros de la de nuestros predecesores. En nuestra mano está.

1 Comments:
At 8:49 p. m.,
Anónimo said…
Brillante, simplemente brillante. Ya también creo que debimos nacer antes para participar en todo aquello, pero lo bueno es que a nosotros nos toca aportar nuestra parte a la historia y simplemente tenemos que hacer eso vivir y hacer lo que nos demandemos a nosotros mismos.
Los tiempos han modificado las conductas de los ciudadanos y de los políticos.
En nuestra mano está.
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