Malos días
Por norma general, los días suelen ir pasando con cierta indiscreción. A veces tienen un poquito más de buenos que de malos, a veces lo contrario, y a veces son absolutamente neutros. Una pequeña parte de ellos, bastante pequeña diría yo, tiene la curiosidad de ser muy buenos o muy malos.
En esos días malos, empiezan a rodearte cosas que llega un momento que te cabrean. Porque otro día cualquiera las resuelves en mayor o menor medida, pero las sacas. O al menos pues las dejas hasta que puedas encontrarle una solución. Pero en estos días solo ves que se te ponen encima, y cuando te quieres dar cuenta entonces es peor. Empieza a correr el tiempo de forma despavorida cuando te queda bien poco para entregar algo, pero cuando ya lo has resuelto llega alguien con la potestad de decirte que está mal y te lo dice, tan tranquilamente. Y además la solución que te da es volver a arrancar porque cree (sin más argumento) que quizá sea interesante hacerlo de otra manera. Y allá le vas, cagándote en la pucha. Pero claro, de la otra manera empieza a dar problemas, y como te has comido todo lo que avanzaste por no preguntar cosas obvias, pues entonces las obviedades tienes que preguntarlas ahora. Y resulta que después de hacerte esto te quedas colgado en medio de todo porque no hay ni dios para preguntar. Y si tienes un pelín de iniciativa habrá quien lo vea bien pero la jefa de turno de reventará los huevos pretendiendo explicarte como se suman dos y dos.
Y a esto le suma uno que le duele el pie horrores por hacer el capullo el domingo a la noche, y le sumas también que tienes que resolverle los problemas a dos fulanos a los que les estás haciendo un favor y aún así te tocan los milindres. Y le sumas que te estás comiendo el problema de otro para no llegar a cosas peores, pero comértelo implica una solución que no tienes todavía. Y tienes que preparar un examen para el lunes, que no es mucho (es realmente poco) pero ahora empiezas a ver que no hay dios que pueda hacerlo. Y el dueño del piso te toca más los milindres portándose como un capullo (mítico capullo dueño del piso), y no sabes cuánto tiempo tendrás la semana que viene por culpa del capullo del piso y entonces no sabes cuanto trabajo puedes dejar para la semana que viene. Y te llama aquel fulano a decirte si le puedes hacer no sé qué. Y la que no sabe casi ni encender el ordenador te viene cada 3 minutos a preguntar como se pone un programa para escuchar música en el ordenador, y como no sabe te pregunta: y entro en google? y que pongo? y a donde lo doy? y lo instalo desde google? Y entonces te levantas y se lo haces tú porque si no le vas a reventar la cabeza contra el puto google. Y todo esto porque te cae bien, sino se la hubieras reventado a la segunda pregunta. Como te has levantado a resolverle esto aparece tu pseudo-jefa y te dice que si has avanzado con aquella historia que te ha hecho cambiar y que tan bonita crees que estaba, y le dices que todavía no. Y entonces se para y te dice, en un tono tan capullo que te está vacilando y hablándote como si tuvieras 5 años, que hay que intentar estar centrado porque nos queda poco tiempo y tenemos que estar a lo que hay. Y tú piensas que lo tenías más claro que ella cuando estabas a punto de acabar y te mando volver a empezar. Y te vuelves a sentar... y te rompe la silla. Y te cagas en la concha de la madre de todo el santoral hebreo, te sientas en otra silla y te pones a escribir en el blog para no romper cosas y no marcharte de aquí.
En esos días malos, empiezan a rodearte cosas que llega un momento que te cabrean. Porque otro día cualquiera las resuelves en mayor o menor medida, pero las sacas. O al menos pues las dejas hasta que puedas encontrarle una solución. Pero en estos días solo ves que se te ponen encima, y cuando te quieres dar cuenta entonces es peor. Empieza a correr el tiempo de forma despavorida cuando te queda bien poco para entregar algo, pero cuando ya lo has resuelto llega alguien con la potestad de decirte que está mal y te lo dice, tan tranquilamente. Y además la solución que te da es volver a arrancar porque cree (sin más argumento) que quizá sea interesante hacerlo de otra manera. Y allá le vas, cagándote en la pucha. Pero claro, de la otra manera empieza a dar problemas, y como te has comido todo lo que avanzaste por no preguntar cosas obvias, pues entonces las obviedades tienes que preguntarlas ahora. Y resulta que después de hacerte esto te quedas colgado en medio de todo porque no hay ni dios para preguntar. Y si tienes un pelín de iniciativa habrá quien lo vea bien pero la jefa de turno de reventará los huevos pretendiendo explicarte como se suman dos y dos.
Y a esto le suma uno que le duele el pie horrores por hacer el capullo el domingo a la noche, y le sumas también que tienes que resolverle los problemas a dos fulanos a los que les estás haciendo un favor y aún así te tocan los milindres. Y le sumas que te estás comiendo el problema de otro para no llegar a cosas peores, pero comértelo implica una solución que no tienes todavía. Y tienes que preparar un examen para el lunes, que no es mucho (es realmente poco) pero ahora empiezas a ver que no hay dios que pueda hacerlo. Y el dueño del piso te toca más los milindres portándose como un capullo (mítico capullo dueño del piso), y no sabes cuánto tiempo tendrás la semana que viene por culpa del capullo del piso y entonces no sabes cuanto trabajo puedes dejar para la semana que viene. Y te llama aquel fulano a decirte si le puedes hacer no sé qué. Y la que no sabe casi ni encender el ordenador te viene cada 3 minutos a preguntar como se pone un programa para escuchar música en el ordenador, y como no sabe te pregunta: y entro en google? y que pongo? y a donde lo doy? y lo instalo desde google? Y entonces te levantas y se lo haces tú porque si no le vas a reventar la cabeza contra el puto google. Y todo esto porque te cae bien, sino se la hubieras reventado a la segunda pregunta. Como te has levantado a resolverle esto aparece tu pseudo-jefa y te dice que si has avanzado con aquella historia que te ha hecho cambiar y que tan bonita crees que estaba, y le dices que todavía no. Y entonces se para y te dice, en un tono tan capullo que te está vacilando y hablándote como si tuvieras 5 años, que hay que intentar estar centrado porque nos queda poco tiempo y tenemos que estar a lo que hay. Y tú piensas que lo tenías más claro que ella cuando estabas a punto de acabar y te mando volver a empezar. Y te vuelves a sentar... y te rompe la silla. Y te cagas en la concha de la madre de todo el santoral hebreo, te sientas en otra silla y te pones a escribir en el blog para no romper cosas y no marcharte de aquí.

4 Comments:
At 7:50 p. m.,
Julito said…
Acabo de bajar a la cafetería de la facultad y tuve la siguiente conversación con Alberto (uno de los del otro lado de la barra):
- Vaya cara que traes
- Calla, que estoy hasta los huevos de todo. Que tarde jefe, qué tarde...
- Boh, vaya mierda de psicólogo (1-0). Os estresais por nada.
- Eso es animar, jefe.
- Estrés es que hace 5 minutos me han pedido un bocata de chorizo y cuando llegas a la cocina ves que se te acabó el chorizo cortado, y ya tenías la cortadora limpia para cerrar prontito hoy. Eso es estrés machote.
A veces las cosas son tan simples que solo hay que cambiar las gafas de mirar...
At 9:36 p. m.,
Anónimo said…
Un día de furia...
At 9:12 a. m.,
Anónimo said…
Venga, ánimo, jefe.
Lo del piso no hay fallo que Marti (ocioso gran chabal? y yo tendremos mucho tiempo libre para limpiar a partir de hoy.
Lo de la fulana esa leva a rabia. Poner música en el ordenador... Uf, dices que es maja. A mi, siendo malo, me da que lo que pasa es que está buena y tal...
At 11:41 a. m.,
Anónimo said…
Vaya julito, ahora entiendo algunas cosas (te notaba raro). Lo siento, hombre. Siempre hay días mejores.
PD: grande comentario maliciosos de blondie
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