Miña terra galega
Hace todavía no muchos años, Galicia era la tierra esa de la esquina de donde venían las sirvientas de las casas que aparecían en televisión. Era el sitio ese donde todos son desconfiados y te miran mal. Galicia era un sitio que nadie conocía bien, que tenía Santiago, las vacas, la lluvia y tal...
El problema de esa visión es que caló hondo. Galicia llegó a creer que era tan cierto... En el fondo, esa manera de entendernos ha causado que hayan querido ningunearnos muchas veces.
Pero cada vez lo consiguen menos, y menos lo harán. Porque, aunque muchos se crean que hayan inventado la pólvora y que el mundo les debe un duro, Galicia sigue ahí sin hacer ruido pero siendo un motor fiable.
Porque si es por cuestiones racionales, Galicia es la tierra donde nacen las referencias políticas, tan dispares como don Pablo Iglesias o el tío Paco (al que le hicieron aquella estatua en Ferrol de un burro subido a un caballo, aunque de este poco podemos estar orgullosos). Mucho se ha girado en torno a ellos en el pais llamado España que muchos creen que manejan. El movimiento obrero, tan defendido como propio por otros, no puede girar la cabeza ante las revueltas navales en Vigo y Ferrol de hace unas décadas. El movimiento del pueblo que muchos quieren apropiarse, desde hace un tiempo usa en todos sitios un lema que reza "nunca máis", y fíjense ustedes que nació en Galicia, en épocas donde demostramos que de sumisos nada, y de caerse y volverse a levantar sabemos muchos. Los grandes banqueros seguro que no pasarán por alto a Francisco González, y seguro que los listos de turno que ven lejos a Galicia, adoran a Amacio Ortega como si fuera un profeta. O a Manuel Jove. Siniestro Total, Luz Casal, Carlos Núñez, Tosar, Torrente Ballester, Cela, Rosalía ... la nómina en las artes es infinita.
Si es por cuestiones emotivas, Galicia es otra cosa. Aquí, las cosas son de otra manera. El azul es otro azul, el verde es otro verde y sí, la lluvia es arte. Miña terra galega, que dirían Julián Hernández. Y no se puede explicar.
Habrá quienes reirán diciendo eso de que el gallego no se sabe ni sube o si baja. Habrá quienes crean que el gallego no se entera y es cortito. Que lo piensen. Porque mientras lo hacen, nosotros seguiremos siendo un paraíso para vivir, y seguiremos creciendo y estando presentes. Galicia está más viva que nadie, Galicia dice mucho. Y quienes nos vean en la escalera tienen dos opciones: o darse cuenta de subimos y bajamos mucho y cogemos lo mejor de arriba y de abajo, o creerse que nos pueden dejar ahí. Yo le recomendería pensar lo primero y unirse, pero si quieren lo segundo allá ellos. Nosotros ponemos cara de póker y seguimos adelante. Como citaría el bueno de Xoán: non nos entenden, non.
El problema de esa visión es que caló hondo. Galicia llegó a creer que era tan cierto... En el fondo, esa manera de entendernos ha causado que hayan querido ningunearnos muchas veces.
Pero cada vez lo consiguen menos, y menos lo harán. Porque, aunque muchos se crean que hayan inventado la pólvora y que el mundo les debe un duro, Galicia sigue ahí sin hacer ruido pero siendo un motor fiable.
Porque si es por cuestiones racionales, Galicia es la tierra donde nacen las referencias políticas, tan dispares como don Pablo Iglesias o el tío Paco (al que le hicieron aquella estatua en Ferrol de un burro subido a un caballo, aunque de este poco podemos estar orgullosos). Mucho se ha girado en torno a ellos en el pais llamado España que muchos creen que manejan. El movimiento obrero, tan defendido como propio por otros, no puede girar la cabeza ante las revueltas navales en Vigo y Ferrol de hace unas décadas. El movimiento del pueblo que muchos quieren apropiarse, desde hace un tiempo usa en todos sitios un lema que reza "nunca máis", y fíjense ustedes que nació en Galicia, en épocas donde demostramos que de sumisos nada, y de caerse y volverse a levantar sabemos muchos. Los grandes banqueros seguro que no pasarán por alto a Francisco González, y seguro que los listos de turno que ven lejos a Galicia, adoran a Amacio Ortega como si fuera un profeta. O a Manuel Jove. Siniestro Total, Luz Casal, Carlos Núñez, Tosar, Torrente Ballester, Cela, Rosalía ... la nómina en las artes es infinita.
Si es por cuestiones emotivas, Galicia es otra cosa. Aquí, las cosas son de otra manera. El azul es otro azul, el verde es otro verde y sí, la lluvia es arte. Miña terra galega, que dirían Julián Hernández. Y no se puede explicar.
Habrá quienes reirán diciendo eso de que el gallego no se sabe ni sube o si baja. Habrá quienes crean que el gallego no se entera y es cortito. Que lo piensen. Porque mientras lo hacen, nosotros seguiremos siendo un paraíso para vivir, y seguiremos creciendo y estando presentes. Galicia está más viva que nadie, Galicia dice mucho. Y quienes nos vean en la escalera tienen dos opciones: o darse cuenta de subimos y bajamos mucho y cogemos lo mejor de arriba y de abajo, o creerse que nos pueden dejar ahí. Yo le recomendería pensar lo primero y unirse, pero si quieren lo segundo allá ellos. Nosotros ponemos cara de póker y seguimos adelante. Como citaría el bueno de Xoán: non nos entenden, non.

1 Comments:
At 11:41 a. m.,
Anónimo said…
Joer que bonito. Tatalmete deacuerdo y podríamos hablar largo y tendido sobre el tema. Prefiero que la gente siga pensando que no sabe hacia donde voy y mientras con mi edad ya he llegado a donde otros no lo han conseguido y subiendo y como los gallegos de esta zona en la que me instalado una temporada gano mi muy buen dinero y no molesto a nadie mentras que en otros casos tienes que escuchar descalificaciones por hacer tu trabajo.
Creo que no me confundo cuando afirmo que la nómina de artistas de hoy y de ayer de Galicia supero con creces la de la mayoría de España pero Fraga nos hizo una muy mala publicidad.
Viva a Santiago Apostol y la borrechera que nos agarramos en su nombre.
Don Pombo.
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