Saber parar
Un joven leñador, bien fornido, con buena planta y deseoso de trabajar para sacarse unos cuartos, acudió a un grupo de leñadores que trabajaban en un bosque. Se dirigió al jefe para pedirle trabajo allí, prometiendo esforzarse lo máximo posible. El jefe, ante las ganas mostradas, le ofreció la posibilidad de estar la primera semana a prueba y, si cumplía como los demás, le daría trabajo en el grupo.
Mientras todos los leñadores allí cortaban una media de 10 árboles, éste joven sorprendió cortando 25. Tremendamente satisfecho el jefe le ofreció quedarse con ellos pagándole un buen sueldo, lo que el joven aceptó encantado.
Y así pasaron las semanas, durante las cuales el joven seguía esforzándose como el que más. Pasaba allí horas y horas talando árboles, pero su jefe empezó a ver que la cantidad de árboles cortados disminuía: primero fueron 25, pero pronto bajó a 20, 15, 12, 10... y no paró ahí el descenso. Luego fuero 8, 7... Preocupado por el rendimiento de su trabajador, el jefe se acercó a él durante una mañana de trabajo. Sentados en un tronco conversaron largo y tendido sobre muchas cosas de ambos y en un momento el jefe le explicó a leñador su preocupación:
- Sé que te esfuerzas como cualquier otro, sé que intentas hacer tu trabajo lo mejor posible. Sin embargo cada semana baja tu rendimiento. ¿A qué es debido?
- No lo sé. Yo trato de hacer bien mi trabajo, pero cada vez me cuesta más cortar árboles, es como si mi fuerza cada vez fuera menos.
Mientras intentaban solucionar el problema, el jefe cogió el hacha del joven y la sostuvo en su mano. Cuando vió su filo comprendió la situación.
- Este hacha está defectuosa, se ha gastado tanto de tanto talar que apenas corta. Con esta herramienta no puedes trabajar bien. ¿Fue este hacha la misma que tuviste desde un principio?
- Sí, señor. Fue la misma.
- Pero entonces ¿Cómo es que no la has llevado al herrero para que la afile?
- Estaba demasiado ocupado... talando árboles.
A veces, la mejor manera de caminar es parar en el momento adecuado para coger fuerzas.
Mientras todos los leñadores allí cortaban una media de 10 árboles, éste joven sorprendió cortando 25. Tremendamente satisfecho el jefe le ofreció quedarse con ellos pagándole un buen sueldo, lo que el joven aceptó encantado.
Y así pasaron las semanas, durante las cuales el joven seguía esforzándose como el que más. Pasaba allí horas y horas talando árboles, pero su jefe empezó a ver que la cantidad de árboles cortados disminuía: primero fueron 25, pero pronto bajó a 20, 15, 12, 10... y no paró ahí el descenso. Luego fuero 8, 7... Preocupado por el rendimiento de su trabajador, el jefe se acercó a él durante una mañana de trabajo. Sentados en un tronco conversaron largo y tendido sobre muchas cosas de ambos y en un momento el jefe le explicó a leñador su preocupación:
- Sé que te esfuerzas como cualquier otro, sé que intentas hacer tu trabajo lo mejor posible. Sin embargo cada semana baja tu rendimiento. ¿A qué es debido?
- No lo sé. Yo trato de hacer bien mi trabajo, pero cada vez me cuesta más cortar árboles, es como si mi fuerza cada vez fuera menos.
Mientras intentaban solucionar el problema, el jefe cogió el hacha del joven y la sostuvo en su mano. Cuando vió su filo comprendió la situación.
- Este hacha está defectuosa, se ha gastado tanto de tanto talar que apenas corta. Con esta herramienta no puedes trabajar bien. ¿Fue este hacha la misma que tuviste desde un principio?
- Sí, señor. Fue la misma.
- Pero entonces ¿Cómo es que no la has llevado al herrero para que la afile?
- Estaba demasiado ocupado... talando árboles.
A veces, la mejor manera de caminar es parar en el momento adecuado para coger fuerzas.

1 Comments:
At 9:03 a. m.,
Anónimo said…
Buen refran si señor.
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