Llorar de risa
Ayer vi llorar de risa. Nunca me había parado a pensarlo mucho, porque siempre soy yo el que acaba descojonado en el suelo, como algunas fotos de fiestas pueden corroborar, pero la verdad es que ver a alguien que se está meando de risa y que no puede parar es una situación tremendamente interesante.
Tú estás allí, contando una historia, y tienes enfrente a quien te escucha sin poder parar. Se le pone roja la cara y se retuerce, tú has contado la historia veces y veces pero vuelves a reirte porque es contagioso. De repente te ves allí despelotándose de risa en medio de un sitio donde la gente está toda tranquila, contando algo entrecortadamente mientras al otro lado de la mesa ya no te pueden escuchar porque la concentración necesaria para no mearse por encima es mucha.
Fíjate tú que la cosa es absurda, pero me hace gracia hasta recordarlo.
Tú estás allí, contando una historia, y tienes enfrente a quien te escucha sin poder parar. Se le pone roja la cara y se retuerce, tú has contado la historia veces y veces pero vuelves a reirte porque es contagioso. De repente te ves allí despelotándose de risa en medio de un sitio donde la gente está toda tranquila, contando algo entrecortadamente mientras al otro lado de la mesa ya no te pueden escuchar porque la concentración necesaria para no mearse por encima es mucha.
Fíjate tú que la cosa es absurda, pero me hace gracia hasta recordarlo.

3 Comments:
At 12:40 p. m.,
Anónimo said…
Mejoros llorar de risa que de otra manera.
Por cierto cual era la historia que contaste?
At 1:13 p. m.,
Anónimo said…
Todo empezó con unos pantalones en Oporto, lo demás es historia...
At 5:07 p. m.,
Anónimo said…
si te digo la verdad escuché empzar a contar esa historia infinidad de veces pero si te soy sincero creo que nunca la oi termar.
de todas maneras creo que nunca se termina de contar porque simpre hay uno reboleado por suelo
Publicar un comentario
<< Home