Ole tus huevos, compañero
Tengo un amigo que no está en muy buen momento. Pasa por uno de esos problemas que no son problemas hasta que le pasan a uno. Dice, mirando al suelo, que no sabe por qué está así pero que no es normal. Hay una niña que le revuelve los días y, como él dice: "Me levanto con sueño, sin ganas ningunas de ir a trabajar y de repente me veo en la ducha sonriendo porque sé que quizá la vea hoy. Estoy tonto." Yo no le quito razón en que lo esté, pero bendita tontería.
El tipo sabe que no hay nada más, que la cuestión va pero no viene de vuelta, y parece ser que sabe (no cree, sabe) que ya no hay más lados por donde mirar. Eso le atormenta y no me para de repetir que no puede ser porque las cosas, cuando tienen que pasar, pasan. Según él, esto merece salir bien porque tiene tan buena pinta... Tal y como él lo dibuja, es cierto que suena bien, pero supongo que no todo sale siempre como uno quiere. No se cansa de hablar de ella, y uno no le puede decir que pare por humanidad. ¡Que lo vacíe todo!
La verdad es que algo también me ha afectado, porque le aprecio y sé que en el fondo, aunque él diga que es un capullo (y yo, de manera cómplice, esté de acuerdo) pues se merece que le salga bien algo. Mucho me temo que no va a ser de ésta, porque visto con objetividad, pues es bastante claro que no. Es cierto que, como él cuenta, "¿a quién carallo le importa ser objetivo en este momento?" No le falta razón. Sé que ha sentido cosas muy difíciles de alcanzar, y que su afán de ver el lado positivo le lleva a pensar en que todo esto ha tenido tantas cosas buenas que no puede estar triste. Sin embargo, por otro lado, me dice que tiene cierta angustia porque cuando sea totalmente consciente de que no hay nada más, puede pasarlo mal. Cuando la racionalidad supere a la emoción, estará deshecho, y para entonces habrá perdido hasta la ilusión. Y eso tiene pinta de ser jodido.
Si de esto has sacado algo en claro, compañero, me alegro por ello. Tú ahora no lo ves, porque quizá no eres capaz, pero has dado todo lo que tenías y uno no puede sentirse mal después de vaciarse. Después de librarnos de toda mierda sobre la objetividad, la racionalidad, las normas sobre cómo deben de ser las cosas y esas patrañas, a algunos nos queda poco a donde agarrarnos. Tú tienes algo más, tienes tus ganas, tus cojones encima de la mesa y un orgullo que debiera de estar tan intacto como para levantar la cabeza y decir muy alto que estás ahí. Sinceramente, tal como funcionan las cosas hoy en día, es más de lo que muchos podemos decir. Salud, compañero. Ole tus huevos.
P.D.: Si todavía queda alguien por ahí que siga leyendo esto, pues ya sabeis. Ahí estamos, que no es poco.
El tipo sabe que no hay nada más, que la cuestión va pero no viene de vuelta, y parece ser que sabe (no cree, sabe) que ya no hay más lados por donde mirar. Eso le atormenta y no me para de repetir que no puede ser porque las cosas, cuando tienen que pasar, pasan. Según él, esto merece salir bien porque tiene tan buena pinta... Tal y como él lo dibuja, es cierto que suena bien, pero supongo que no todo sale siempre como uno quiere. No se cansa de hablar de ella, y uno no le puede decir que pare por humanidad. ¡Que lo vacíe todo!
La verdad es que algo también me ha afectado, porque le aprecio y sé que en el fondo, aunque él diga que es un capullo (y yo, de manera cómplice, esté de acuerdo) pues se merece que le salga bien algo. Mucho me temo que no va a ser de ésta, porque visto con objetividad, pues es bastante claro que no. Es cierto que, como él cuenta, "¿a quién carallo le importa ser objetivo en este momento?" No le falta razón. Sé que ha sentido cosas muy difíciles de alcanzar, y que su afán de ver el lado positivo le lleva a pensar en que todo esto ha tenido tantas cosas buenas que no puede estar triste. Sin embargo, por otro lado, me dice que tiene cierta angustia porque cuando sea totalmente consciente de que no hay nada más, puede pasarlo mal. Cuando la racionalidad supere a la emoción, estará deshecho, y para entonces habrá perdido hasta la ilusión. Y eso tiene pinta de ser jodido.
Si de esto has sacado algo en claro, compañero, me alegro por ello. Tú ahora no lo ves, porque quizá no eres capaz, pero has dado todo lo que tenías y uno no puede sentirse mal después de vaciarse. Después de librarnos de toda mierda sobre la objetividad, la racionalidad, las normas sobre cómo deben de ser las cosas y esas patrañas, a algunos nos queda poco a donde agarrarnos. Tú tienes algo más, tienes tus ganas, tus cojones encima de la mesa y un orgullo que debiera de estar tan intacto como para levantar la cabeza y decir muy alto que estás ahí. Sinceramente, tal como funcionan las cosas hoy en día, es más de lo que muchos podemos decir. Salud, compañero. Ole tus huevos.
P.D.: Si todavía queda alguien por ahí que siga leyendo esto, pues ya sabeis. Ahí estamos, que no es poco.

4 Comments:
At 2:20 p. m.,
Don Pombo said…
Ultimamente estás hablando demasiado de temas de corazón, tomatito.
At 4:39 p. m.,
Anónimo said…
¿De qué valen los cojones?
Digo yo que de qué valen porque a ese amigo tuyo, que desde hoy merece para mi el mayor de los respetos ,le ha servido para "vaciarse" y quedarse vacío. Tú seguro que me dirás que la cuestión es la satisfacción de haberlo dado todo, tal y como dices. Pero eso me lo cuentas a mi. ¿De qué le vale a él?
Por cierto que esa tía se arrepentirá, aunque eso a tu amigo le consuele tanto como una patada en las pelotas.
Invítalo a una copa, que pago yo.
At 12:09 p. m.,
Anónimo said…
De que te valen los cojones? sirven para agarrartelos cuando no queda nada más a lo que agarrarte. Pues claro que sí, hay que seguir ahí.
At 11:01 p. m.,
Anónimo said…
Julito, pregúntale a tu colega qué número de pie calza la tía esa. Si lo sabe, entonces hay que ir a cañón. Si no lo sabe, dile que el tiempo lo cura todo...
Tú lo harías así, que te he visto pillín...
P.D.: Y si lo sabe (el número que calza), hacemos una peña si hace falta en su apoyo. ¿Quien se apunta?
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