Robert James Fischer
Tanta repercusión periodística ha tenido la noticia porque la leyenda es más interesante que el juego en sí. A casi nadie le importa, realmente, que Fischer haya sido uno de los más grandes. Y supongo que es normal.
Fischer lo cambió todo. El ajedrez profesional le debe hoy a Fischer casi toda su existencia, y solo Kasparov puede compararse con él en la capacidad de conseguir que se hable de ajedrez en algunos bares o telediarios. Pregúntenle a alguien por ajedrez y les dirá que conoce a Kasparov, Karpov... y Fischer.
En un deporte donde el empate es el resultado natural en 2 de cada 3 partidas de la élite, él jugó las eliminatorias por el Campeonato del Mundo contra los mejores en 1971 y ganó 19 partidas seguidas. Mark Taimanov y Bent Larsen, dos enormes jugadores de cualidades indescriptibles perdieron la eliminatoria por 6-0 y 6-0 respectivamente. Tigran Petrosian, penúltimo escollo en la lucha por el campeonato (y que ya había sido campeón del mundo años antes) también sufrió el vendaval. Cuenta la historia que en ese enfrentamiento - en el escenario de un teatro delante de 1000 personas- se fue la luz. Ante la imposibilidad de ver bien, el árbitro decidió parar los relojes de los jugadores. Unos 15 minutos después volvió la luz, pero a Fischer le había dado igual. No se había movido y continuó pensando sobre una posición que no veía. Hizo una jugada brillante y ganó con facilidad la partida.
El último escollo, el más conocido, fue el ruso Boris Spassky. Tras 40 años de reinado de los rusos, un estadounidense (país con poca tradición ajedrecística hasta el momento) desafiaba al sistema soviético. Era 1972 y el enfrentamiento EEUU-URSS llegó hasta estos puntos. El match entre ambos se produjo en Reykjavik, porque era la capital de estado más cercana a la equidistancia entre ambos países. 24 partidas para decidir el campeón. El 12-12 mantiene el título a Spassky. En un deporte en el que cerca del 70% de las partidas son tablas (empate) cuando juegan los mejores entre sí, es evidente que una victoria es muy determinante. Spassky ganó la primera partida. Fischer, decían que "descolocado", inició una protesta sobre las cosas más absurdas del enfrentamiento. Dijo que su silla estaba manipulada para enviarle radiaciones negativas, que las piezas le reflejaban, que el público hablaba y miles de cosas. Las protestas le llevaron a no presentarse a la segunda partida. 2-0. Estaba a punto de marcharse y renunciar a la lucha. Pero nada más lejos de Fischer. Cuando se consiguió que volviera a sentarse, en la tercera partida, fue la máquina más demoledora que había visto el ajedrez. Tanto, que no hubo que jugar las 24 partidas. Spassky perdió la partida 21 y con eso Fischer ya fue matemáticamente campeón. Después de volver ganó 7 de las 12 que jugó. Imparable.
Y luego desapareció. Muchos dicen que estaba tan cerca del paraíso que no quería moverse de allí. Protestó contra la organización del ajedrez, contra los demás jugadores... contra todo. Renunció a volver a jugar. Fue desposeído del título en 1975, pero ya daba igual. En una entrevista a una televisión americana días después de conquistar el título dijo que "El ajedrez no es como la vida. El ajedrez es la vida."
Volvió 20 años después, solamente para jugar otro match. Otras 24 partidas, mismas condiciones, mismo rival. Spassky y Fischer, en Belgrado en 1992 revivieron un enfrentamiento que ocultó a los mejores torneos del mundo que se disputaban por aquel entonces. Nadie les hizo caso a los demás. Todos querían ver Fischer-Spassky. Fischer volvió a ganar. Y volvió a desaparecer.
Tras varias penurias y muchos desvaríos propios de una enfermedad, estuvo a punto de ser llevado a una cárcel americana hace un par de años. El único resquicio legal que le quedaba era conseguir la nacionalidad de un país que no le extraditara a EEUU. El primer ministro islandés salió a una rueda de prensa y dijo que concedían, de manera extraordinaria, la nacionalidad islandesa y la residencia al "no islandés" más importante de la historia de Islandia. Después de 35 años volvió al lugar donde alcanzó lo más grande. Si el ajedrez era la vida él había sido dios allí.
Estos días a uno le da para pensar si realmente Fischer no tendría razon. Si realmente él era mucho más que el mejor, quizá se debía a que para los demás el ajedrez era muy importante, pero para él era su vida. Por eso todos teníamos que habernos dado cuenta de que Fischer moriría este año. En marzo cumpliría 65 años. Claro que, entonces, ya no tendría 64. Uno por cada casilla del tablero. Quizá fue cierto, quizá el ajedrez y él tuvieron algo diferente. Cuando hace poco tiempo dijo que el ajedrez estaba muerto quizá él veía más allá. Quizá fueron como romeo y julieta. Quizá el ajedrez, tal como él lo entendió, está ya muerto. Por eso él, cuando llegó a sus 64 años, no tenía sitio aquí. Allá donde se subió a lo más alto, allá se fue. Ambos juntos porque quizá fueron los únicos que se entendieron de verdad el uno al otro. A los demás mortales siempre nos quedarán sus partidas. Gracias, maestro.
Fischer lo cambió todo. El ajedrez profesional le debe hoy a Fischer casi toda su existencia, y solo Kasparov puede compararse con él en la capacidad de conseguir que se hable de ajedrez en algunos bares o telediarios. Pregúntenle a alguien por ajedrez y les dirá que conoce a Kasparov, Karpov... y Fischer.
En un deporte donde el empate es el resultado natural en 2 de cada 3 partidas de la élite, él jugó las eliminatorias por el Campeonato del Mundo contra los mejores en 1971 y ganó 19 partidas seguidas. Mark Taimanov y Bent Larsen, dos enormes jugadores de cualidades indescriptibles perdieron la eliminatoria por 6-0 y 6-0 respectivamente. Tigran Petrosian, penúltimo escollo en la lucha por el campeonato (y que ya había sido campeón del mundo años antes) también sufrió el vendaval. Cuenta la historia que en ese enfrentamiento - en el escenario de un teatro delante de 1000 personas- se fue la luz. Ante la imposibilidad de ver bien, el árbitro decidió parar los relojes de los jugadores. Unos 15 minutos después volvió la luz, pero a Fischer le había dado igual. No se había movido y continuó pensando sobre una posición que no veía. Hizo una jugada brillante y ganó con facilidad la partida.
El último escollo, el más conocido, fue el ruso Boris Spassky. Tras 40 años de reinado de los rusos, un estadounidense (país con poca tradición ajedrecística hasta el momento) desafiaba al sistema soviético. Era 1972 y el enfrentamiento EEUU-URSS llegó hasta estos puntos. El match entre ambos se produjo en Reykjavik, porque era la capital de estado más cercana a la equidistancia entre ambos países. 24 partidas para decidir el campeón. El 12-12 mantiene el título a Spassky. En un deporte en el que cerca del 70% de las partidas son tablas (empate) cuando juegan los mejores entre sí, es evidente que una victoria es muy determinante. Spassky ganó la primera partida. Fischer, decían que "descolocado", inició una protesta sobre las cosas más absurdas del enfrentamiento. Dijo que su silla estaba manipulada para enviarle radiaciones negativas, que las piezas le reflejaban, que el público hablaba y miles de cosas. Las protestas le llevaron a no presentarse a la segunda partida. 2-0. Estaba a punto de marcharse y renunciar a la lucha. Pero nada más lejos de Fischer. Cuando se consiguió que volviera a sentarse, en la tercera partida, fue la máquina más demoledora que había visto el ajedrez. Tanto, que no hubo que jugar las 24 partidas. Spassky perdió la partida 21 y con eso Fischer ya fue matemáticamente campeón. Después de volver ganó 7 de las 12 que jugó. Imparable.
Y luego desapareció. Muchos dicen que estaba tan cerca del paraíso que no quería moverse de allí. Protestó contra la organización del ajedrez, contra los demás jugadores... contra todo. Renunció a volver a jugar. Fue desposeído del título en 1975, pero ya daba igual. En una entrevista a una televisión americana días después de conquistar el título dijo que "El ajedrez no es como la vida. El ajedrez es la vida."
Volvió 20 años después, solamente para jugar otro match. Otras 24 partidas, mismas condiciones, mismo rival. Spassky y Fischer, en Belgrado en 1992 revivieron un enfrentamiento que ocultó a los mejores torneos del mundo que se disputaban por aquel entonces. Nadie les hizo caso a los demás. Todos querían ver Fischer-Spassky. Fischer volvió a ganar. Y volvió a desaparecer.
Tras varias penurias y muchos desvaríos propios de una enfermedad, estuvo a punto de ser llevado a una cárcel americana hace un par de años. El único resquicio legal que le quedaba era conseguir la nacionalidad de un país que no le extraditara a EEUU. El primer ministro islandés salió a una rueda de prensa y dijo que concedían, de manera extraordinaria, la nacionalidad islandesa y la residencia al "no islandés" más importante de la historia de Islandia. Después de 35 años volvió al lugar donde alcanzó lo más grande. Si el ajedrez era la vida él había sido dios allí.
Estos días a uno le da para pensar si realmente Fischer no tendría razon. Si realmente él era mucho más que el mejor, quizá se debía a que para los demás el ajedrez era muy importante, pero para él era su vida. Por eso todos teníamos que habernos dado cuenta de que Fischer moriría este año. En marzo cumpliría 65 años. Claro que, entonces, ya no tendría 64. Uno por cada casilla del tablero. Quizá fue cierto, quizá el ajedrez y él tuvieron algo diferente. Cuando hace poco tiempo dijo que el ajedrez estaba muerto quizá él veía más allá. Quizá fueron como romeo y julieta. Quizá el ajedrez, tal como él lo entendió, está ya muerto. Por eso él, cuando llegó a sus 64 años, no tenía sitio aquí. Allá donde se subió a lo más alto, allá se fue. Ambos juntos porque quizá fueron los únicos que se entendieron de verdad el uno al otro. A los demás mortales siempre nos quedarán sus partidas. Gracias, maestro.

3 Comments:
At 7:00 p. m.,
Anónimo said…
Mucho pa ti julito. Haces,como siempre que hablas de ajedrez,que nos entren ganas de echarnos unas partiditas.
At 11:12 p. m.,
Anónimo said…
I don't believe in psychology. I believe in good moves.
I like the moment when I break a man's ego.
There are tough players and nice guys, and I'm a tough player.
At 5:08 p. m.,
Anónimo said…
64 años,64 casillas!!!Curiosidades de la vida.
X cierto creo que has recuperado pasta no???
Sigue arriesgando
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