No Somos Nadie

sábado, febrero 02, 2008

El efecto Gasol

Lo cierto es que en un país en el que estamos acistumbrados a autoencumbrarnos cuando descubrimos la pólvora y echarle la culpa a los franceses cuando nos explota en la cara por manejarla mal, cabe un hueco (justificado) de autocomplacencia por el tipo este que tan bien mete balones en un aro. Y no porque él vaya a ser mejor persona ni sentirse mejor (algo habrá, pero no para echar cohetes), porque en realidad el que juega es él y al que le van bien las cosas es a él y no a Suso el de la cafetería de la facultad, pero sí por aquello de pensar que en este país no hacemos las cosas tan mal de vez en cuando.

Sirva la idea para entender lo de siempre, que no todo es fútbol y que, si hablamos de cuestiones deportivo-patrióticas tenemos mucho que mirar. Muchos deportes giran en torno al himno sin letra, y no en vano muchos de los de fuera son acogidos por aquí gracias al interés que le ponemos en algunas disciplinas (de cómo el fútbol pervierte el deporte hasta límites insospechados hablamos otro día).

En realidad es solo uno el Gasol este. Pero no deja de ser un pequeño orgullo y hace que, aunque no tenga mucho que ver directamente, miremos para nuestras canteras y para la formación de deportistas como quien se mira sus buenos abdominales (el que los tiene). No deja de ser uno y la punta del iceberg no es la medida de lo que hay debajo del agua, pero tampoco tenemos por qué dejar pasar la ocasión de sonreir con orgullo patrio y alegrarnos un pellizco. Que va a jugar en los Lakers el tío...