No Somos Nadie

martes, abril 29, 2008

Mal de muchos...

Aunque habitualmente tiramos de anécdotas no futbolísticas para vaciarnos en el siempre bienvenido balompié, esta vez el camino nos lleva del revés, con acompañamiento de una pequeña historia automovilística. Curiosa situación la que pasé por un momento este domingo.

Domingo, 15.00h. Después de levantarme 3 horas después de acostarme para despedirme de mis compañeros de jarana el sábado y volver a casa raudo y veloz para meterme a dormir la siesta, escucho en la radio la ya conocida noticia de la falta de suerte del señor Alonso, al que le falló el coche según cuentan. Conectan en directo con Oviedo y un chaval, un niño de 13 o 14 años, dice tan pancho por la radio que "al menos, a ver si rompe Hamilton también y nos consolamos".

Domingo, 21.03h, todavía con la resaca (a todos los niveles) que provocó el fin de semana de despedida, me dispongo a ver al Raúl Madrid con una clarita (suave) y a ver qué pasa. Del local en cuestión va saliendo un tipo, 35 años, pinta de resaca como yo (o quizá todavía no le había pasado) que se para viendo al televisor, se da cuenta que juega el Madrid y pregunta: "¿Cómo quedó el Villareal?" , "ganó" le respondo, y automáticamente se echa una risa de malo de película, tira un corte de manga al susodicho televisor y grita "que se jodan", y se marcha riéndose.

Y digo yo, sin ánimo de incordiar (o sí). ¿Por qué somos tan mala gente? ¿Por qué nos pasa que a veces deseamos más el mal del rival que el bien propio? A mi me pasa a la inversa del chaval aquel, porque Alonso me cae tan mal que no me alegro cuando rompe el motor pero me gusta ver que no gana y que no le van bien las cosas. El del fútbol es todavía más habitual, hay quienes celebran más las derrotas de otros equipos que las victorias del suyo. Conozco, incluso, a quienes no tienen claro de qué equipo son pero les gusta que pierda el Madrid. Ellos suelen achacarlo a lo insoportable que es la afición del Madrid. Supongo que es la pescadilla que se muerde la cola, porque una postura genera la contraria y todo se polariza hasta límites inconcebibles. Y entonces caemos en el celtista que se alegraría infinitamente más de que hubiera bajado el Dépor que de que hubiera subido el Celta. ¿Y ese odio? ¿Es la envidia? ¿Somos tan mala gente? Porque mira que es triste que tus propias alegrías dependan de la desgracia ajena y no del éxito de uno mismo (o de su equipo).

Será, quizá, que los buenos tienen que cargar con la asunción de levantar odios y envidias. Le pasa a Alonso, le pasa al Madrid y le pasó a otros muchos. Me acuerdo de la gente que criticaba a Jordan diciendo que le dejaban tirar todo y por eso metía tanto, o de los que les gusta que a un gobierno le vaya mal porque son del partido contrario, o de quienes se alegran si al vecino se le inunda la casa porque "es un chulo y le está bien". A veces me pregunto si esto es normal o somos tan mala gente, tan ruínes. Será que no todo es rosa. Qué triste.

miércoles, abril 23, 2008

Palabras olvidadas

Aprovechando el día del libro, ya que toca hablar de letras, palabras y textos (temática siempre apetecible), este post pretende recordar aquellas palabras que se van perdiendo por aquello de la evolución del lenguaje.

El vocabulario cambia, se adapta a los tiempos más velozmente de lo que lo hacemos muchos. Tal cambio continuo provoca la aparición de nuevas palabras, nuevos conceptos que describen objetos y hechos que eran, hasta hace poco, inconcecibles. Pero como cualquier ciclo vital, para que unos lleguen otros se tienen que ir. Y se van algunas palabras, que se pierden en el olvido y en el desuso. Muchas de estas palabras a mi me suenan a antigüas, a tiempos pasados casi en blanco y negro, a la imaginación que tiene mi abuela para recordar años que parecen lejanos, a las telas de lana que todavía se ponen en los brazos de muchos sofás y que nunca supe cómo se llamaban.

¿Quién habla ahora de la cantina? como mucho en las viejas estaciones de tren, donde siempre hay algún cartel que recuerda que algún día se le llamó así. Seguro que en muchas de ellas, como en muchas casas de aldea, todavía se sigue poniendo el ule en la mesa de la cocina, ahora que la moda son los mantelitos individuales. En la cocina todavía recuerdo a mi abuela tomando una cuajada. En algunas casas gallegas todavía los abuelos siguen mandando a sus nietos a buscar algo "ó alboio". Y si uno se va de viaje, ya no te preguntan por lo que te llevas en el macuto sino en la mochila.

Algunas se han ido porque los tiempos han cambiado (por suerte) y ya no se compra de "extraperlo", ni se ven por la calle los requetés. Casi ya no hay afiladores, ni serenos y a los mozos se les llama peones. Quién sabe qué será ahora de las mocitas del himno, que seguro que en vez de un bonito chal llevan puesto un top.

Como diría Silvio: ¿Dónde van las palabras que no se quedaron?

viernes, abril 18, 2008

Chema y Barrio Sésamo

Esta semana circuló como noticia curiosa de la semana (es algo macabro denominarla curiosa, pero no encontraba otro adjetivo) que se ha muerto Chema, el de Barrio Sésamo. Yo no me acuerdo de su nombre (del actor, quiero decir) y además, al igual que otros varios hicieron cuando yo se lo conté, pregunté ¿no estaba muerto ya? Ciertas leyendas urbanas muy oscuras parecen que hicieron mella.

El caso es que me da qué pensar. ¿Cuánto nos puede importar esa noticia? Sin duda nunca será la persona sino el personaje, porque nadie creo que le supiera poner ahora cara en otro sitio. Sin embargo era Chema, y a ese le conocíamos.

Barrio Sésamo, vaya programa. Cuánto de cierto es que la infancia marca, porque las generaciones casi las podemos medir por los programas con los que crecieron. Mis primas las mayores crecieron con La Bola de Cristal, la generación de mi hermano (4 años más que yo) ya fue de Barrio Sésamo, época que cogimos nosotros enlazando con Cajón Desastre (nunca lo entendí). Sin embargo creo que también fuimos nosotros los que empezamos con otros tipos de programas, porque somos generación Songoku (yo nunca fui de los Caballeros del Zodíaco) y vimos nacer Pressing Catch (que los niños de ahora se creen que lo inventaron ellos). Tanto hablar de que ahora los niños crecen entre violencia y quizá nosotros fuimos los pioneros.

Con todo, no me olvido de Chema, en ese Barrio las vida era rosa y primaveral pero había buenas ideas y buenas intenciones. En los programas de ahora ponen para presentar en horario infantil a una tía de 20 años con una minifalda que parece un cinturón, y así nos salen los chavales, que a los 15 hay que ser igualito que el Canto del Loco y ellas enseñar más que nadie y ser tan tontas como las que veían en la tele 5 años antes.

En fin, que me pongo carca y parezco un abuelo. Quería hablar de Chema, y lo único que recuerdo es que era un buen tipo, sonreía, era un buen colega y echaba una mano en el barrio. En aquel barrio donde yo pensaba que vivían Epi y Blas (tarde en entender que los muñegotes eran de otro sitio) y donde los niños hacían trastadas a los mayores y aprendían después una buena lección con Don Pimpón o Espinete.

Talogo Chema.

lunes, abril 14, 2008

VIVA LA REPÚBLICA

jueves, abril 10, 2008

Pares e impares

Los números pares siempre representan el orden, son más redondos, más perfectos. Los números impares van a contracorriente, son desordenados, descolocan, son rebeldes.

Se puede hacer una competición con números pares, pero nadie se preocupa de qué hacer cuando son impares. Las horas pares son las que marcan los tiempos, se come a las 2, se entra a trabajar a las 4, se deben dormir 8 horas, se deben trabajar 8 horas, el prime time es a las 22. El lenguaje del futuro es BI-nario. Los petit-suisse se comen de dos en dos (¿Por qué no uno más grande?), las natillas vienen de 2 en 2, los yogures de 4 en 4 o de 8 en 8. Los meses del año son 12, los años bisiestos son pares, como los años olímpicos, o los del mundial de fútbol (o la eurocopa). Las BIcicletas tienen 2 ruedas, los coches 4. Todo está preparado para los números pares.

Los números impares son raros, son la excepción. La vida está pensada para las parejas, el sexo está bien visto si es entre 2 pero de 1 o de 3 es tabú. Las camas grandes son "de matrimonio" (¿Acaso no puede ser que yo quiera una grande para mi solo?). La una está sola, 3 son multitud. Con números pares no puede haber equilibrio, los números primos son impares, la ingeniería sostiene mesas con 4 patas (con 5 son raras).

Los pares son naturales, equilibrados, entendibles, aceptados. Los impares son la excepción a la regla, el desorden, nada encaja. La simetría es un número par. Nos invaden los números pares.

martes, abril 08, 2008

Charlton Heston

Seguramente, como ya se ha dicho, su defensa a ultranza del derecho a las armas le haya asegurado un odio irreversible de mucha gente. En todo caso, más que al actor es casi una cuestión de deferencia recordar al personaje.

No hablo de ningún personaje en concreto, claro, sino del Charlton Heston personaje que interpretó a todos estos que salían en las "pelis de romanos". Cuando yo era peque me encantaban las pelis de romanos, y disfruté viendo Ben-Hur o Los Diez Mandamientos. Y claro, el Charlton estaba ahí en Ben-Hur con sus cuádrigas como un Fernando Alonso del tema.

Poco después descubrí otro clásico que vi varias veces, El planeta de los simios. Me gustó tanto su última escena que la vi hasta gastar la vieja cinta VHS que tenía en casa. Con su afonía, su angustia.

Poco me fijaba yo en actores, directores, significados extraños y demás. Sin embargo me di cuenta años después de que el Charlton Heston aparecía en estas que yo veía, que siempre era el bueno, y uno le coge un cariño nostálgico.

Pues nada, que le vaya bonito, y que le honraremos viendo alguna vez más Ben-Hur, en alguna tarde lluviosa de domingo que seguro que aprovecharán para programarla en televisión.

jueves, abril 03, 2008

La unión hace la fuerza y otros desvaríos

Todo el mundo se queja de que las personas somos egoístas... y se quejan cuando le hace falta que los demás le apoyen.

En realidad no por acordarse fuera de tiempo deja de ser verdad, cuanto más juntos permanezcamos más fuerza generaremos. Si alguien sigue "Lost" puede darle un toque lostiano a la frase y recordar aquello de "vivir juntos o morir solos". La cuestión es ¿hasta dónde estamos dispuesto a hacer fuerza con los demás? ¿Hasta dónde llegamos para ayudar sin esperar nada a cambio? ¿Somos capaces de ver más allá del corto plazo y saber que nos beneficia que el grupo esté por encima de nosotros?

A veces cuesta pensarlo, pero por mi parte sigo creyendo en el bien común como primer paso para el bien personal. Sin embargo supongo que seré como todos y me acordaré más de esto cuando más falta me haga.

Claro que, seguramente, llegará algún día que alguien me dirá que soy un egoísta por haber hecho cualquier cosa. Y será que siempre nos pasa que sabemos perfectamente lo que decirle al de al lado que tiene que hacer con su vida, pero nosotros no acertamos una ni de casualidad... aunque eso es otro tema.