Mal de muchos...
Aunque habitualmente tiramos de anécdotas no futbolísticas para vaciarnos en el siempre bienvenido balompié, esta vez el camino nos lleva del revés, con acompañamiento de una pequeña historia automovilística. Curiosa situación la que pasé por un momento este domingo.
Domingo, 15.00h. Después de levantarme 3 horas después de acostarme para despedirme de mis compañeros de jarana el sábado y volver a casa raudo y veloz para meterme a dormir la siesta, escucho en la radio la ya conocida noticia de la falta de suerte del señor Alonso, al que le falló el coche según cuentan. Conectan en directo con Oviedo y un chaval, un niño de 13 o 14 años, dice tan pancho por la radio que "al menos, a ver si rompe Hamilton también y nos consolamos".
Domingo, 21.03h, todavía con la resaca (a todos los niveles) que provocó el fin de semana de despedida, me dispongo a ver al Raúl Madrid con una clarita (suave) y a ver qué pasa. Del local en cuestión va saliendo un tipo, 35 años, pinta de resaca como yo (o quizá todavía no le había pasado) que se para viendo al televisor, se da cuenta que juega el Madrid y pregunta: "¿Cómo quedó el Villareal?" , "ganó" le respondo, y automáticamente se echa una risa de malo de película, tira un corte de manga al susodicho televisor y grita "que se jodan", y se marcha riéndose.
Y digo yo, sin ánimo de incordiar (o sí). ¿Por qué somos tan mala gente? ¿Por qué nos pasa que a veces deseamos más el mal del rival que el bien propio? A mi me pasa a la inversa del chaval aquel, porque Alonso me cae tan mal que no me alegro cuando rompe el motor pero me gusta ver que no gana y que no le van bien las cosas. El del fútbol es todavía más habitual, hay quienes celebran más las derrotas de otros equipos que las victorias del suyo. Conozco, incluso, a quienes no tienen claro de qué equipo son pero les gusta que pierda el Madrid. Ellos suelen achacarlo a lo insoportable que es la afición del Madrid. Supongo que es la pescadilla que se muerde la cola, porque una postura genera la contraria y todo se polariza hasta límites inconcebibles. Y entonces caemos en el celtista que se alegraría infinitamente más de que hubiera bajado el Dépor que de que hubiera subido el Celta. ¿Y ese odio? ¿Es la envidia? ¿Somos tan mala gente? Porque mira que es triste que tus propias alegrías dependan de la desgracia ajena y no del éxito de uno mismo (o de su equipo).
Será, quizá, que los buenos tienen que cargar con la asunción de levantar odios y envidias. Le pasa a Alonso, le pasa al Madrid y le pasó a otros muchos. Me acuerdo de la gente que criticaba a Jordan diciendo que le dejaban tirar todo y por eso metía tanto, o de los que les gusta que a un gobierno le vaya mal porque son del partido contrario, o de quienes se alegran si al vecino se le inunda la casa porque "es un chulo y le está bien". A veces me pregunto si esto es normal o somos tan mala gente, tan ruínes. Será que no todo es rosa. Qué triste.
Domingo, 15.00h. Después de levantarme 3 horas después de acostarme para despedirme de mis compañeros de jarana el sábado y volver a casa raudo y veloz para meterme a dormir la siesta, escucho en la radio la ya conocida noticia de la falta de suerte del señor Alonso, al que le falló el coche según cuentan. Conectan en directo con Oviedo y un chaval, un niño de 13 o 14 años, dice tan pancho por la radio que "al menos, a ver si rompe Hamilton también y nos consolamos".
Domingo, 21.03h, todavía con la resaca (a todos los niveles) que provocó el fin de semana de despedida, me dispongo a ver al Raúl Madrid con una clarita (suave) y a ver qué pasa. Del local en cuestión va saliendo un tipo, 35 años, pinta de resaca como yo (o quizá todavía no le había pasado) que se para viendo al televisor, se da cuenta que juega el Madrid y pregunta: "¿Cómo quedó el Villareal?" , "ganó" le respondo, y automáticamente se echa una risa de malo de película, tira un corte de manga al susodicho televisor y grita "que se jodan", y se marcha riéndose.
Y digo yo, sin ánimo de incordiar (o sí). ¿Por qué somos tan mala gente? ¿Por qué nos pasa que a veces deseamos más el mal del rival que el bien propio? A mi me pasa a la inversa del chaval aquel, porque Alonso me cae tan mal que no me alegro cuando rompe el motor pero me gusta ver que no gana y que no le van bien las cosas. El del fútbol es todavía más habitual, hay quienes celebran más las derrotas de otros equipos que las victorias del suyo. Conozco, incluso, a quienes no tienen claro de qué equipo son pero les gusta que pierda el Madrid. Ellos suelen achacarlo a lo insoportable que es la afición del Madrid. Supongo que es la pescadilla que se muerde la cola, porque una postura genera la contraria y todo se polariza hasta límites inconcebibles. Y entonces caemos en el celtista que se alegraría infinitamente más de que hubiera bajado el Dépor que de que hubiera subido el Celta. ¿Y ese odio? ¿Es la envidia? ¿Somos tan mala gente? Porque mira que es triste que tus propias alegrías dependan de la desgracia ajena y no del éxito de uno mismo (o de su equipo).
Será, quizá, que los buenos tienen que cargar con la asunción de levantar odios y envidias. Le pasa a Alonso, le pasa al Madrid y le pasó a otros muchos. Me acuerdo de la gente que criticaba a Jordan diciendo que le dejaban tirar todo y por eso metía tanto, o de los que les gusta que a un gobierno le vaya mal porque son del partido contrario, o de quienes se alegran si al vecino se le inunda la casa porque "es un chulo y le está bien". A veces me pregunto si esto es normal o somos tan mala gente, tan ruínes. Será que no todo es rosa. Qué triste.

