Euro 2008. Donde había que estar.
LA PASIÓN TURCA Y LA ENSALADILLA RUSA
Una vez pasada la euforia inicial de verte más allá de la barrera "maldita", la calma debería instalarse entre los futboleros, para poder ver el partido de mañana con cautela pero con ilusión, y siempre entre mínimos razonamientos. Supongo que nos sentimos como el niño al que nunca le habían dejado entrar en la clase de los mayores del colegio, y que cuando se hace mayor y llega ve que todo es más normal de lo que parece. Incluso la perspectiva le hacía parecer que los estudios serían imposibles, que eran demasiadas cosas. Una vez allí comprueba que es como siempre, y que incluso hay asignaturas que se pueden ir pasando "con la gorra".
Eso sí, tampoco vayamos a pensar que esto es como la clase de plástica, de gimnasia o de música. En realidad tenemos un examen al que llegamos después de haber aprobado el "control" (hace tantos años que no hago un "control"). Sin embargo ya se sabe, como no ande uno fino le calzan un 4 y te quedas con cara de tonto.
En la clase de los mayores uno puede correr el riesgo de creerse mayor, y el hábito no hace al monje. Hay que pasar las novatadas y saber que, aunque te hayas cogido un sitio por allí, hay que defender tu bocata del recreo y hacerse con un buen refugio en los cambios de clase cuando lluevan las guerras de tizas. Hay que seguir ahí. Porque a veces los grandotes de la clase, los chulitos, los que van por el patio haciéndose los valientes no están en clase. Sin embargo ese tipo que parecía como tú, o al que creías que tú le chulearías se te revuelve y mete en un problema, te da con una tiza o se coje el último bocata de tortilla que quedaba en la cafetería. Y se acaba el recreo y te quedas sin comer. Y no hay más recreo hasta mañana, que a veces puede ser muy tarde.
En el fútbol, como en las clases, siempre hay algunos que parecen invitados y que no debieran de estar ahí. Aún así, aunque no sean siempre los mismos, es difícil ver que los 4 que alcazan las puertas de la gloria de la final sean "los de siempre". El último mundial, un fracaso estrepitoso en calidad futbolística, fue más excepción que regla, aunque no lo parezca. Antes siempre existía otra Turquía o una Corea (mundial 2002), una Croacia (1998), una Grecia que se rió de todos (Euro 2004) o incluso, si nos vamos al inicio de los tiempos, EEUU fue tercera en el primer mundial.
Esta vez le toca, por un lado, al caos turco que ha llegado hasta aquí con más corazón que cabeza y con un espíritu meritorio. Un equipo que parecía que había hecho su primer pero último milagro con Suiza, aunque luego nos dejó con la boca abierta ante los checos hasta que llegó Croacia que le preparó una despedida con honores... durante un minuto. Ellos dijeron que no se querían ir todavía y aquí están, apelando al "Si llevan un par de partidos diciéndonos que muy bien pero que ya está, y sobrevivimos... ¿por qué no otra vez?".
Rusia, por su parte, vino a decir que no solo hay que ser Holanda para jugar al fútbol. Ellos provocan el caos a su manera, con otro estilo y una idea. Jugadores que no tienen nada que perder (son los soldados más peligrosos en la guerra). Un ojo habría que echar al suelo y asegurar que no estamos pisando en falso antes de querer mirar muy lejos.
Ambos equipos tienen ganas, que es mucho de lo que les trae hasta aquí. Correríamos un grave peligro si los tratamos de "pardillos". Sobre todo porque tienen tanta (o más) experiencia que nosotros en estas lides, y quizá vayamos de sobrados y luego nos hagan falta cosas. Más vale abrir bien los ojos, que estas cosas no pasan todos los días. Y recuerden la ley del póker: siempre hay un pardillo en las partidas. Si a la media hora de haber empezado a jugar no tienes claro quién es, entonces abandona porque el pardillo... eres tú.
Una vez pasada la euforia inicial de verte más allá de la barrera "maldita", la calma debería instalarse entre los futboleros, para poder ver el partido de mañana con cautela pero con ilusión, y siempre entre mínimos razonamientos. Supongo que nos sentimos como el niño al que nunca le habían dejado entrar en la clase de los mayores del colegio, y que cuando se hace mayor y llega ve que todo es más normal de lo que parece. Incluso la perspectiva le hacía parecer que los estudios serían imposibles, que eran demasiadas cosas. Una vez allí comprueba que es como siempre, y que incluso hay asignaturas que se pueden ir pasando "con la gorra".
Eso sí, tampoco vayamos a pensar que esto es como la clase de plástica, de gimnasia o de música. En realidad tenemos un examen al que llegamos después de haber aprobado el "control" (hace tantos años que no hago un "control"). Sin embargo ya se sabe, como no ande uno fino le calzan un 4 y te quedas con cara de tonto.
En la clase de los mayores uno puede correr el riesgo de creerse mayor, y el hábito no hace al monje. Hay que pasar las novatadas y saber que, aunque te hayas cogido un sitio por allí, hay que defender tu bocata del recreo y hacerse con un buen refugio en los cambios de clase cuando lluevan las guerras de tizas. Hay que seguir ahí. Porque a veces los grandotes de la clase, los chulitos, los que van por el patio haciéndose los valientes no están en clase. Sin embargo ese tipo que parecía como tú, o al que creías que tú le chulearías se te revuelve y mete en un problema, te da con una tiza o se coje el último bocata de tortilla que quedaba en la cafetería. Y se acaba el recreo y te quedas sin comer. Y no hay más recreo hasta mañana, que a veces puede ser muy tarde.
En el fútbol, como en las clases, siempre hay algunos que parecen invitados y que no debieran de estar ahí. Aún así, aunque no sean siempre los mismos, es difícil ver que los 4 que alcazan las puertas de la gloria de la final sean "los de siempre". El último mundial, un fracaso estrepitoso en calidad futbolística, fue más excepción que regla, aunque no lo parezca. Antes siempre existía otra Turquía o una Corea (mundial 2002), una Croacia (1998), una Grecia que se rió de todos (Euro 2004) o incluso, si nos vamos al inicio de los tiempos, EEUU fue tercera en el primer mundial.
Esta vez le toca, por un lado, al caos turco que ha llegado hasta aquí con más corazón que cabeza y con un espíritu meritorio. Un equipo que parecía que había hecho su primer pero último milagro con Suiza, aunque luego nos dejó con la boca abierta ante los checos hasta que llegó Croacia que le preparó una despedida con honores... durante un minuto. Ellos dijeron que no se querían ir todavía y aquí están, apelando al "Si llevan un par de partidos diciéndonos que muy bien pero que ya está, y sobrevivimos... ¿por qué no otra vez?".
Rusia, por su parte, vino a decir que no solo hay que ser Holanda para jugar al fútbol. Ellos provocan el caos a su manera, con otro estilo y una idea. Jugadores que no tienen nada que perder (son los soldados más peligrosos en la guerra). Un ojo habría que echar al suelo y asegurar que no estamos pisando en falso antes de querer mirar muy lejos.
Ambos equipos tienen ganas, que es mucho de lo que les trae hasta aquí. Correríamos un grave peligro si los tratamos de "pardillos". Sobre todo porque tienen tanta (o más) experiencia que nosotros en estas lides, y quizá vayamos de sobrados y luego nos hagan falta cosas. Más vale abrir bien los ojos, que estas cosas no pasan todos los días. Y recuerden la ley del póker: siempre hay un pardillo en las partidas. Si a la media hora de haber empezado a jugar no tienes claro quién es, entonces abandona porque el pardillo... eres tú.

1 Comments:
At 10:13 p. m.,
Anónimo said…
Y motivados van a estar estos rusos como los que más, que tienen 7 millones de euros de prima a repartir si llegan a la final...
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