El grupo
Compruebo desde hace un tiempo, de manera directa, como la colaboración es totalmente necesaria para que los proyectos lleguen a buen puerto. Te encuentras con ideas que, cuando sobrepasan la barrera de lo personal, siempre necesitan de la influencia de más gente. Es difícil valerse por si solo para conseguir todo, para llegar a alcanzar una buena ejecución o un resultado de alto nivel.
Particularmente lo compruebo en mi club, donde estamos metidos en una dinámica de autoexigencia, de organización de eventos y competiciones donde cada vez se nos exige más, precisamente porque habíamos cumplido anteriormente. Los torneos de ajedrez para niños ya no nos valen con caballetes, tablones, sillas de playa y piezas rotas y torcidas. Nuestros niños juegan ahora en mesas caralludas, con manteles, tableros perfectos y casi nevos, relojes digitales, llevan unos trofeos espectaculares, todos los que participan se llevan regalos, se sortean premios a los jugadores (balones, pendrives, mp3, bicicletas) y ya no son 30, ahora son 130, 140 o 150.
Ya no pensamos en que la clausura se haga todos apiñados en una sala pequeña y fría que hemos mendigado a quien fuera. Ahora la hacemos en grandes pabellones, en auditorios, con proyecciones audiovisuales y contratando animadores para estar con los peques. Ahora no hay que viajar a las 6 de la mañana para encontrar sitios cutres y feos, y comer a toda prisa mal y arrastro con padres que se dejan el dinero. Ahora los niños están invitados a comer, pasan el tiempo en los McDonald´s y tenemos espacios para ellos mientras no están con su partida. Ahora van con ropa del club (chandal, polos, sudaderas...)
Esto es imposible sin colaboración. Sin poner todos su parte no se llega a nada. ¿De dónde sale? Sale de los muchos fines de semana que bastante gente se deja en echar una mano, de tirar de aquí y de allá para los patrocinios, de moverse, de tener 10 padres y madres que se ofrecen a hacerse cursos de árbitros para poder ejercer ellos y dejarnos a los monitores tiempo para otras cosas, de 25 padres y madres que con 50 euros hacen un pincho pistonudo para 50 personas en donde todo son halagos. Esto nace del trabajo conjunto que tanto beneficio lleva a cada uno, y sobre todo a los chavales.
Y nace, por supuesto, de las equivocaciones a las que nos vemos abocados aún cuando somos muchos. Porque hay iluminados que lo saben todo y te desarman un plan con un solo comentario... o al menos eso creen. Sin embargo, como un día leí en algún sitio, prefiero equivocarme en el sentido correcto que acertar en el sentido equivocado. Hoy día, esta frase efectista (que comparto) me la cambió un buen amigo esta mañana por otra: mejor es equivocarse con los tuyos que acertar en solitario.
Particularmente lo compruebo en mi club, donde estamos metidos en una dinámica de autoexigencia, de organización de eventos y competiciones donde cada vez se nos exige más, precisamente porque habíamos cumplido anteriormente. Los torneos de ajedrez para niños ya no nos valen con caballetes, tablones, sillas de playa y piezas rotas y torcidas. Nuestros niños juegan ahora en mesas caralludas, con manteles, tableros perfectos y casi nevos, relojes digitales, llevan unos trofeos espectaculares, todos los que participan se llevan regalos, se sortean premios a los jugadores (balones, pendrives, mp3, bicicletas) y ya no son 30, ahora son 130, 140 o 150.
Ya no pensamos en que la clausura se haga todos apiñados en una sala pequeña y fría que hemos mendigado a quien fuera. Ahora la hacemos en grandes pabellones, en auditorios, con proyecciones audiovisuales y contratando animadores para estar con los peques. Ahora no hay que viajar a las 6 de la mañana para encontrar sitios cutres y feos, y comer a toda prisa mal y arrastro con padres que se dejan el dinero. Ahora los niños están invitados a comer, pasan el tiempo en los McDonald´s y tenemos espacios para ellos mientras no están con su partida. Ahora van con ropa del club (chandal, polos, sudaderas...)
Esto es imposible sin colaboración. Sin poner todos su parte no se llega a nada. ¿De dónde sale? Sale de los muchos fines de semana que bastante gente se deja en echar una mano, de tirar de aquí y de allá para los patrocinios, de moverse, de tener 10 padres y madres que se ofrecen a hacerse cursos de árbitros para poder ejercer ellos y dejarnos a los monitores tiempo para otras cosas, de 25 padres y madres que con 50 euros hacen un pincho pistonudo para 50 personas en donde todo son halagos. Esto nace del trabajo conjunto que tanto beneficio lleva a cada uno, y sobre todo a los chavales.
Y nace, por supuesto, de las equivocaciones a las que nos vemos abocados aún cuando somos muchos. Porque hay iluminados que lo saben todo y te desarman un plan con un solo comentario... o al menos eso creen. Sin embargo, como un día leí en algún sitio, prefiero equivocarme en el sentido correcto que acertar en el sentido equivocado. Hoy día, esta frase efectista (que comparto) me la cambió un buen amigo esta mañana por otra: mejor es equivocarse con los tuyos que acertar en solitario.
