Obama, Kennedy, Ronaldo...
Si algo hay que se saque en claro después de las interminables elecciones de los EEUU, es que se necesitaba ilusión. Este Obama la ofrece, la vende y la capitaliza. Al menos le dará para empezar con empuje. Porque cuando la gente empieza en una crisis se aferra a lo seguro, a lo práctico, al sacrificio, al malo conocido y a la mano dura. Pero cuando aún así no hay manera de revolverse y dar la vuelta a las cosas, ya solo queda la esperanza y la ilusión, y esas no son fáciles de despertar.
Bush se ganó la reelección con la política del miedo, de la seguridad, rentabilizó el 11-S al máximo. Así lo han hecho tantos y tantos, apelar al miedo para ofrecerse como solución, o conmigo o contra mi. Lo hizo Nixon, lo hizo Capello...
Pero cuando se necesita la ilusión aparecen, como provocados por el límite, aquellos magos de la ilusión que generan bocas abiertas y hacen que se contengan los suspiros. Apareció Kennedy, apareció John Lennon, apareció Ronaldo...
Y como ratones que siguen al flautista de Hamelin los demás nos encomendamos a ellos, que caminan 5 centímetros por encima del agua y llevan en volandas a quien los sigue, a todos. Antes de hacer nada se les defiende, ante las injusticias se les defiende, ante las justicias también porque nos ciega su aureola... todo porque sabemos que si aparece una dificultad, él nos llevará por el buen camino.
Pero la Historia nos enseñó que la ilusión es temida por muchos, que consideran que adormilar y calmar es la mejor manera de guiar y encaminar. Y así aparecen siempre las manos que manejan los hilos, los espíritus que retiran la ilusión del escaparate. Fue Lee J. Oswald, fue Mark Chapman, fue Capello...
Y así vuelven a sentar el miedo y el pánico y retoman su mando. Pero al final, cuando ya no quede nada, cuando se haya perdido hasta el valor del sacrificio, cuando mires a los lados y veas que tu país no va, que Nixon roba sin piedad, que Reagan monta misiles en el espacio, que Bush te mete en un túnel profundo y sin salida, que Del Piero te retrata y te deja en pañales... al final necesitas la ilusión. Y ya no queda más que esperar que aparezca alguien que todavía quiera desafiar a la Historia, ponerse delante de un rifle de algún pirado y decir que sí, que se puede, que no todo está perdido. Y como un flautista vuelve a llevarse a un país bajo el brazo. Ese es Obama. Pero bajando a las banalidades del día a día, otros nos preguntamos... ¿Quién nos a salvar a nosotros? ¿Quién nos hará suspirar?
A veces echo tanto de menos ese cosquilleo que me entraba por el cuerpo cuando Ronaldo cogía el balón en la frontal... menos mal que estábamos hablando de Obama.
Bush se ganó la reelección con la política del miedo, de la seguridad, rentabilizó el 11-S al máximo. Así lo han hecho tantos y tantos, apelar al miedo para ofrecerse como solución, o conmigo o contra mi. Lo hizo Nixon, lo hizo Capello...
Pero cuando se necesita la ilusión aparecen, como provocados por el límite, aquellos magos de la ilusión que generan bocas abiertas y hacen que se contengan los suspiros. Apareció Kennedy, apareció John Lennon, apareció Ronaldo...
Y como ratones que siguen al flautista de Hamelin los demás nos encomendamos a ellos, que caminan 5 centímetros por encima del agua y llevan en volandas a quien los sigue, a todos. Antes de hacer nada se les defiende, ante las injusticias se les defiende, ante las justicias también porque nos ciega su aureola... todo porque sabemos que si aparece una dificultad, él nos llevará por el buen camino.
Pero la Historia nos enseñó que la ilusión es temida por muchos, que consideran que adormilar y calmar es la mejor manera de guiar y encaminar. Y así aparecen siempre las manos que manejan los hilos, los espíritus que retiran la ilusión del escaparate. Fue Lee J. Oswald, fue Mark Chapman, fue Capello...
Y así vuelven a sentar el miedo y el pánico y retoman su mando. Pero al final, cuando ya no quede nada, cuando se haya perdido hasta el valor del sacrificio, cuando mires a los lados y veas que tu país no va, que Nixon roba sin piedad, que Reagan monta misiles en el espacio, que Bush te mete en un túnel profundo y sin salida, que Del Piero te retrata y te deja en pañales... al final necesitas la ilusión. Y ya no queda más que esperar que aparezca alguien que todavía quiera desafiar a la Historia, ponerse delante de un rifle de algún pirado y decir que sí, que se puede, que no todo está perdido. Y como un flautista vuelve a llevarse a un país bajo el brazo. Ese es Obama. Pero bajando a las banalidades del día a día, otros nos preguntamos... ¿Quién nos a salvar a nosotros? ¿Quién nos hará suspirar?
A veces echo tanto de menos ese cosquilleo que me entraba por el cuerpo cuando Ronaldo cogía el balón en la frontal... menos mal que estábamos hablando de Obama.

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