No Somos Nadie

martes, febrero 17, 2009

Números

Tienen los números una aureola de frío. Parecen imperturbables. Cuando los números entran en una conversación la racionalidad y la objetividad dicen hacer acto de presencia, y es entonces cuando los grandes sabios de la escena de la discusión fuman sus pipas y hablan de ciencia y de citas famosas.

Los números imponen su ley. Todo tiene que ser medido, para poder compararlo. Compararlo con antes, consigo mismo; compararlo con otros, con otro tiempo, con otros números al fin y al cabo. Y esta guerra de cifras y datos se convierte en un vaivén de palabras sin sentido. Al final siempre se trata de cual es más grande. Hay números que te identifican, el DNI, el número de la SS... Los números impersonalizan y reducen tu diferencia al mínimo.

Sin embargo, detrás de todo, los números tienen su corazoncito. El 5.0 en aquel examen, el 22 de mi cumpleaños, el 1º en el torneo, el 7 de Raúl y sus 309 goles, el 4-8-15-16-23-42...Hay números que te levantan el ánimo, o te lo bajan. Hay números que son la alegría.

Hay miles de personas en este mundo que trabajan por y para los números. Todo son números. La economía son números. ¿Dónde están entonces todos esos números que se decía que estaban ahí pero desaparecieron cuando fueron buscarlos? Y claro, al final resulta que los números no son todo y que si no están en contacto con su realidad, nos hacen vivir una ilusión que no existe. Y ahí empezó la crisis, dicen.

miércoles, febrero 04, 2009

Raúl, el 7.

Leo a Capello decir que "hay tres emblemas en el mundo del fútbol: Maldini, Del Piero y Raúl".

Es posible que Capello sea, particularmente, uno de los que más comprenden a Raúl. Eso le quitaría méritos al moreno ese que ni es alto, ni es rápido ni es el más hábil. Digo que le quita méritos porque Capello no es nunca el entrenador que uno quisiera en su equipo. Cuando llega Fabio es porque las cosas van mal y hace falta que llegue un bombero inflexible que pueda poner al fuego en fila india.

Raúl, nunca el mejor. Un tipo insoportable cuando sale de un estadio de fútbol. Un tipo extremadamente discreto y sin ningún aire que otros exhaltan. Raúl, un tipo que parece que pasaba por allí.

¿Por qué Raúl? En primer lugar, y como argumento muy importante, porque muchos se empeñan en funcionar dentro de la fugaz locomotora del éxito y entierran ídolos como si fueran huesos para el perro. Por eso hay que defender que las cosas se hagan con cabeza. Defender a Raúl es defender la pausa y la serenidad a la hora de analizar las cosas, los números y la realidad más que las portadas de periódico y las camisetas. En segundo lugar porque cumple siempre, siempre está. Siento especial admiración por dos aspectos de los deportistas: el talento y el oficio. Cada cual que me entienda como quiera. Hay una tercera razón, y es que es mi emblema. Me guste o no soy madridista, y como tal hay que cumplir unas pautas si uno quiere participar de esa locura colectiva del fútbol y dejarse embaucar por el forofismo, que siempre ayuda a bienllevar el resto del día. En esto, uno tiene que aferrarse a Raúl.

Y detrás de todo está lo de siempre, que no es poco. Porque cuando los demás desfallecen está Raúl, y todos le hemos visto pasar un par de años en los que nadie del equipo sabía darle a un balón...y él se diluía entre tanta mediocridad. Algunos lo mataron, lo enterraron y celebraron el funeral. Pero Raúl se empeñó en seguir metiendo la pierna y ahí está.

Raúl, como ese trabajador que lleva tantos años pasando papeles y al que nadie le dirá nunca que sin él la empresa se iba al tacho aunque sea cierto, es un oficinista del gol, un administrativo del fútbol en un mundo en el que solo queremos grandes gurús. Y ser un burócrata en el lateral derecho no es tan difícil, pero serlo en la delantera del Real Madrid es otra cosa.

Son 14 temporadas, son 307 goles. Ahora que va a pasar a Don Alfredo uno se pregunta qué más necesitará para que la gente le diga que es un grande. Probablemente no necesite nada más, pero probablemente nunca se lo dirán.

Máximo goleador de la historia del Madrid, sólo hay uno que pueda decir eso.
Máximo goleador de la historia de la Champions, sólo uno lo puede decir.
Máximo goleador de todas las competiciones europeas, sólo hay uno que lo pueda decir.
Máximo goleador de la historia de la selección española, sólo hay uno que lo pueda decir.
Y así podíamos seguir.

Alguno dirá que eso es pasado, o que en el Madrid lo hace cualquiera. Y Raúl no contestará, simplemente llegará el próximo día y meterá otro churrigol, como siempre, como nadie.

Sí, pasó su mejor momento. Ya nunca será tan increible como lo fue. Pero en estos tiempos de ídolos efímeros, a mi siempre me quedará una esperanza de que el Madrid pueda ganar un partido porque si hay un balón perdido, si hay un balón suelto, si el Madrid se acerca al área está Raúl. Porque como decía Bill Shankly, "primero mete el gol y luego discutimos las demás opciones". Y este tipo, el morenito este que no es el más rápido, ni el más alto, ni el más guapo, ni el de más calidad, ese que no se sabe que tiene... ese las mete.

El Sam para los Frodo, el Sancho Panza para los Quijotes, el Watson para los Sherlock Holmes, el guardaespaldas, la red de los saltadores, la servilleta para las manchas. El que nunca hace nada, el 7, Raúl.