No Somos Nadie

lunes, abril 27, 2009

Las prisas

(He de disculparme, en primer lugar, porque este texto no tenga tildes y porque tengo que escribir con nh, ya que lo hago desde un teclado americano)

Escribio Descartes que hay dos maneras de hacer rapido las cosas: una es hacerlas muy deprisa, y otra es hacerlas bien. Ante la duda, mejor sea la segunda.

Viene esto al caso para comentar hoy mi sensacion de que solemos acostumbrar a premiar la primera, y solo nos acordamos de Santa Barbara cuando llueve. Pero no solo los que tienen la responsabilidad de hacer las cosas sino, precisamente, los que luego las valoran. No estoy hablando de politica y de la eleccion de Pachi Vazquez en el PSOE, aunque podria. Tampoco estoy hablando de los fichajes raros del Madrid para que luego sea el de siempre el que llega a la ayuda. No hablo de eso, aunque no estaria del todo mal y podrian ser buenos ejemplos.

Vengo a decir que, segun yo lo veo, los que formamos ese ente superior que se denomina "masa", como dijo LeBon o el mismo Ortega, acabamos juzgando a los demas al contrario de como predicamos. Se nos llena la boca hablando del trabajo bien hecho, poniendo a caer de un burro a los exitosos inmediatos y somos los primeros en hablar de que los demas (siempre son los demas) caen en el error habitual de dejarse llevar por la sociedad (recurrente termino cuando nos ponemos sabiondos) y se comportan como consumistas alocados de premios inmediatos.

Y asi llegamos a nuestra conclusion de que hay que ir com calma y afrontar las situaciones problematicas pensando en el bien comun y con calma. Pero claro, luego somos los primeros en querer que las normas funcionen para todos...pero para nosotros haya esa excepcion que consideramos justificada para ayudarnos. Creemos que todo debe de estudiarse y no tomar decisiones apresuradas, pero somos los primeros en querer que el electricista o el fontanero nos resuelvan el embolado de la lavadora o de la llave de agua para cuanto antes (y si hay que cambiar la instalacion pues ya lo haremos en otro momento). Al final nunca estamos dispuestos a parar a pensar, no leemos las noticias sino que rapidamente juzgamos y sabemos cual es la mejor resolucion.

Pedimos calma y aseguramos que los demas siempre hacen las cosas apresuradamente. Sin embargo nosotros, eternos conocedores de la verdad para todo, nos olvidamos de que Descartes daba dos opciones. Y asi nos luce el pelo.

miércoles, abril 15, 2009

La vanidad

Decía Al Pacino en "Pactar con el Diablo" que la vanidad era su pecado favorito. Es comprensible, a fin de cuentas es bastante habitual que a todos nos guste que nos digan lo buenos que somos, lo guapos que estamos hoy (y ayer y mañana) y las chorradas habituales que a uno le alegran el día. Ni siquiera tengo claro que sea un pecado, salvo que uno cultive la vanidad en exceso y se alimente de ella por encima de otros principios. Pero claro, todo lo que pase por encima de los principio y además se cultive en exceso es malo, y eso afecta tanto a la vanidad como a la humildad, tanto a la asertividad como a la timidez, tanto a la racionalidad como a la emotividad.

Se asocia la vanidad a los hombres, porque todavía mantenemos un criterio (desmesuradamente) machista sobre los roles sociales, y concebimos de manera a veces inconsciente que vanidad es engreímiento y está ligado con el éxito mal-llamado social (cuando en realidad hablamos de lo laboral o económico).

Pero hay otros tipos de vanidades. Yo me siento identificado con alguna de ellas, pues no puedo negar que lo soy (insisto en preguntar ¿quién no?) en ciertas ocasiones. Por circunstancias que no vienen al caso suelo caer mejor a las madres y a las abuelas que a las hijas, pero eso es otra historia. Aún así también cabe decir que son las madres y padres de "mis peques" los que me aprecian más que ellos (si no te quejas de tu entrenador, entonces tú lo estás haciendo mal). Y al final eso también es vanidad.

Todos, sin excepción, necesitamos un refuerzo constante de nuestro alrededor. Algunos más y otros menos. Algunos más explícito y otros menos, pero de alguna manera tiene que estar ahí. Supone para mi, obsesionado por momentos con el comportamiento de las personas, un reto el hecho de acertar con el nivel de "lanzamiento de flores" que es oportuno en cada momento. A veces peco de obediente, y me creo las falsas modestias cuando lo oportuno es no hacerles caso y ser una metralleta del halago barato y de la bisutería del embobamiento. Quizá eso sea también un grave error, y quizá un pecado: la obediencia. Incluso a veces uno se da cuenta de que otros comentarios son posibles, otros intentos, otros gestos. Pero no lo haces, porque has sido encomendado así.

Probablemente la vanidad sea un pecado, pero me resulta más interesante el otro polo, el que alimenta esa vanidad. De ese ajuste dependen a veces las más acertadas conclusiones y también las erráticas decisiones. Quizá en otro tiempo yo sea, en la parte que toque en cada momento, un tipo hábil para esto. Vaya por delante que creo que soy un palabrero de labia fácil, que según el bueno de Martín tenía que aprovechar más, y eso debe de servir para embobar a quien quieras. Pero si acaso te encuentras en la duda de si llegas tarde para hacerlo, es que llegas tarde. Y la vanidad se habrá ido a buscar a quien le dé de comer, aunque sea el que la alimenta como quien da de comer al hambriento y no como quien quiere enseñarle a pescar.

miércoles, abril 08, 2009

El 7%

El 7% de los jóvenes cree que puede conducir con 6 cubatas.

http://www.publico.es/espana/217251/jovenes/cree/conducir/seis/copas

A falta de que puntualizaran (supongo yo) que lo que cree ese 7% es que puede conducir BIEN con 6 copas, y de que repliquen el estudio en adultos de mayor edad a lo que se considere joven según esta investigación (apostaría que el porcentaje no es menor), lo más destacable me parece el comentario más valorado del espacio permitido para los lectores del periódico:

El 7% de los jóvenes son imbéciles.

miércoles, abril 01, 2009

Raúl Alfonsín

Aunque nunca es grato hablar de quienes nos dejan, también es cierto de que hay gente de la que uno apenas solamente habla cuando se mueren. Esta noche se fue Raúl Alfonsín.

Probablemente nuestra vida hubiera sido exactamente igual si se hubiera muerto hace 10 años, o si siguiera vivo. Eso provoca un dardo al sentido de por qué escribir aquí sobre esto, pero también es cierto que nuestra vida hubiera sido esencialmente igual sin muchísimas cosas que nos rodean y, aún así, nos rodean.

Entre medias de lo difícil que siempre ha estado el discurrir de las ideas en latinoamérica, y particularmente en algunos lugares donde la función pública tiene unas connotaciones peligrosas (como Argentina), Alfonsín se encomendó a la esperanza para dirigir Argentina en un período en el que los breves espacios de la democracia saltaban por los aires cada pocos meses por golpes militares. En tal situación, cogió un país hundido en una dictadura militar infame y capitaneó un camino a una democracia nueva y atacada, pero firme. Juzgó a la plana mayor del ejército de Videla por crímenes contra la humanidad, y aunque muchos le tacharon de blando por conceder el perdón contra muchos de ellos hizo lo que creyó oportuno: "No hemos de castigar con el mal si no creemos en él. Eso nos hará un país mejor. Están perdonados, pero han sido juzgados. Que la conciencia de Argentina dicte la pena a imponer. La verdad y la justicia se han impuesto, esa es nuestra aspiración y eso hemos conseguido. ¿Para qué añadir más dolor?"

Alfonsín pilotó un país caótico basándose en el entendimiento y el diálogo con quienes le apoyaban y con quienes le criticaban. Formó gobiernos en conjunto con el partido rival y decidió, un buen día, que los países no pueden depender de una persona. Mostró el camino a sus sucesores y se fue.

Gran aficionado al fútbol, seguidor de Independiente de Avellaneda. Seguro que Gustavito López le dedicaría un regate y el Kun y Forlán, ambos ex de Independiente, le mirarán al cielo el próximo fin de semana para dedicarle un gol.



ALFONSINA Y EL MAR

Por la blanda arena
Que lame el mar
Su pequeña huella
No vuelve más
Un sendero solo
De pena y silencio llegó
Hasta el agua profunda
Un sendero solo
De penas mudas llegó
Hasta la espuma.

Sabe Dios qué angustia
Te acompañó
Qué dolores viejos
Calló tu voz
Para recostarte
Arrullada en el canto
De las caracolas marinas
La canción que canta
En el fondo oscuro del mar
La caracola.

Te vas Alfonsina
Con tu soledad
¿Qué poemas nuevos
Fuíste a buscar?
Una voz antigüa
De viento y de sal
Te requiebra el alma
Y la está llevando
Y te vas hacia allá
Como en sueños
Dormida, Alfonsina
Vestida de mar.

Cinco sirenitas
Te llevarán
Por caminos de algas
Y de coral
Y fosforescentes
Caballos marinos harán
Una ronda a tu lado
Y los habitantes
Del agua van a jugar
Pronto a tu lado.

Bájame la lámpara
Un poco más
Déjame que duerma
Nodriza, en paz
Y si llama él
No le digas que estoy
Dile que Alfonsina no vuelve
Y si llama él
No le digas nunca que estoy
Di que me he ido.

Te vas Alfonsina
Con tu soledad
¿Qué poemas nuevos
Fueste a buscar?
Una voz antigua
De viento y de sal
Te requiebra el alma
Y la está llevando
Y te vas hacia allá
Como en sueños
Dormida, Alfonsina
Vestida de mar.