Juantxín
No nos hacemos viejos, porque eso es cuestión de la cabeza y no del cuerpo. Tampoco van pasando los años ahora más que antes, que siempre pasan igual. Lo que sí ocurre, parece ser, es que nos vamos adaptando a los tiempos. Hace unos años los cumpleaños marcaban las fiestas más señaladas. Ahora, como si de un goteo se tratase, lo hacen las bodas. Pero a fin de cuentas, es lo mismo.
Que sea lo mismo me lo hace ver que la gente no cambia, se case o no. Lo digo con el cariño de saber que Juan no cambia. Ahora parece un poco más serio, pero sólo lo parece. Sigue siendo el mismo Juan, el mismo Juantxín, del que no soy capaz de recordar cómo conocí. Hay un momento entre mis recuerdos en el que no sabía quien era, y otro en el que ya compartíamos vasos, hielos y otros condimentos. No recuerdo cuando, pero casi apostaría que fue en la barra del Puerto o en un campo de fútbol. Porque, como diría Juantxín, las cosas son asi.
En el fondo todo sigue igual, o parecido. Esa encantadora mujer que lo sedujo alguna vez sigue siendo la que lo lleva por el buen camino, la que le hace meter las manos en los bolsillos y decír "sí, Merce" porque, en el fondo y no tan en el fondo, se desvive por ella. Recuerdo una noche, con más de muchas copas encima, en que vino a hablar con él a contarle algo. Cuando se fue, él no cambió la pose y pude comprobar como apenas se había enterado de lo que Merce le dijo porque no podía evitar quedarse embobado. Algo tendrá esta mujer, que se gana los ojos de un fenómeno como Juantxín.
Juantxín, la tercera pata del triunvirato inseparable Pepe-Pedro-Juantxín, es un continuo sucederse de lugares comunes. Juan es un tipo sencillo, sin alardes, al que descubres en gotas pequeñas y al que sientes como si lo conocieras de toda la vida. Futbolero exacerbado en todas sus dimensiones: de grada, de campo, de televisión, de mando y de copa en el Bar Puerto. Y argentino, por supuesto. Musero convencido, siempre sentí que un vacile mutuo sobre el lugar a ocupar en torno a una mesa, siempre la misma, en el mismo bar donde a los dos nos gusta coincidir, era un cierto modo de cogerle el relevo. Los años que nos separan, nos unen, y sé que por momentos se ha sentido como un hermano mayor, y yo se lo agradezco hasta el infinito.
De carácter difícil cuando se enfada, cuando entra en esa espiral en la que se encienden las luces de alarma y los razonamientos se escapan, siempre ha dado todo el valor al detalle de la buena voluntad antes que al fastuoso resultado. Solamente un tipo con su estilo lo puede entender así. Porque ese es Juan, un tipo sencillo con el aplomo que te da el saber estar. Un tipo con estilo, con ganas de reirse siempre con sus amigos y de compartir lo que toque.
Compadre Juantxín, nada cambia ya si no lo hizo en todo este tiempo. Tú y yo, si se me permite el momentáneo separatismo, sabemos que hay algún sitio en este mundo en el que tú y yo tenemos razón aunque siempre seamos los que decimos las mayores burradas sin sentido. En ese sitio, el fútbol es argentino, con don Fernando Redondo (¡firmes!) jugando de 5 y con Valdanito Crespo marcando con el 9. En ese sitio el mus se juega de espaldas al corcho en el Puerto y con dos cerdos se ven siempre los pares. Allí, en ese sitio, el cubata va con dos hielos, suena el disco que nunca te devolví de Rosendo y en la tele ponen al Celta que, por una vez aceptaré, gana con un gol de Gudelj.
Que nada cambie, que sigas siendo el mismo (no sabes hacer otra cosa y eso te honra) y que siempre haya días en que juguemos un partido por la tarde, echemos un par de partidas al pro, vayamos a cenar un churrasco, musete en el postre con un chupito y acabemos con Martín y el bar cerrado poniendo Los Suaves. Siempre serás así, porque siempre lo has sido, como cuando te conocí. Parece que aún fue ayer.
Que sea lo mismo me lo hace ver que la gente no cambia, se case o no. Lo digo con el cariño de saber que Juan no cambia. Ahora parece un poco más serio, pero sólo lo parece. Sigue siendo el mismo Juan, el mismo Juantxín, del que no soy capaz de recordar cómo conocí. Hay un momento entre mis recuerdos en el que no sabía quien era, y otro en el que ya compartíamos vasos, hielos y otros condimentos. No recuerdo cuando, pero casi apostaría que fue en la barra del Puerto o en un campo de fútbol. Porque, como diría Juantxín, las cosas son asi.
En el fondo todo sigue igual, o parecido. Esa encantadora mujer que lo sedujo alguna vez sigue siendo la que lo lleva por el buen camino, la que le hace meter las manos en los bolsillos y decír "sí, Merce" porque, en el fondo y no tan en el fondo, se desvive por ella. Recuerdo una noche, con más de muchas copas encima, en que vino a hablar con él a contarle algo. Cuando se fue, él no cambió la pose y pude comprobar como apenas se había enterado de lo que Merce le dijo porque no podía evitar quedarse embobado. Algo tendrá esta mujer, que se gana los ojos de un fenómeno como Juantxín.
Juantxín, la tercera pata del triunvirato inseparable Pepe-Pedro-Juantxín, es un continuo sucederse de lugares comunes. Juan es un tipo sencillo, sin alardes, al que descubres en gotas pequeñas y al que sientes como si lo conocieras de toda la vida. Futbolero exacerbado en todas sus dimensiones: de grada, de campo, de televisión, de mando y de copa en el Bar Puerto. Y argentino, por supuesto. Musero convencido, siempre sentí que un vacile mutuo sobre el lugar a ocupar en torno a una mesa, siempre la misma, en el mismo bar donde a los dos nos gusta coincidir, era un cierto modo de cogerle el relevo. Los años que nos separan, nos unen, y sé que por momentos se ha sentido como un hermano mayor, y yo se lo agradezco hasta el infinito.
De carácter difícil cuando se enfada, cuando entra en esa espiral en la que se encienden las luces de alarma y los razonamientos se escapan, siempre ha dado todo el valor al detalle de la buena voluntad antes que al fastuoso resultado. Solamente un tipo con su estilo lo puede entender así. Porque ese es Juan, un tipo sencillo con el aplomo que te da el saber estar. Un tipo con estilo, con ganas de reirse siempre con sus amigos y de compartir lo que toque.
Compadre Juantxín, nada cambia ya si no lo hizo en todo este tiempo. Tú y yo, si se me permite el momentáneo separatismo, sabemos que hay algún sitio en este mundo en el que tú y yo tenemos razón aunque siempre seamos los que decimos las mayores burradas sin sentido. En ese sitio, el fútbol es argentino, con don Fernando Redondo (¡firmes!) jugando de 5 y con Valdanito Crespo marcando con el 9. En ese sitio el mus se juega de espaldas al corcho en el Puerto y con dos cerdos se ven siempre los pares. Allí, en ese sitio, el cubata va con dos hielos, suena el disco que nunca te devolví de Rosendo y en la tele ponen al Celta que, por una vez aceptaré, gana con un gol de Gudelj.
Que nada cambie, que sigas siendo el mismo (no sabes hacer otra cosa y eso te honra) y que siempre haya días en que juguemos un partido por la tarde, echemos un par de partidas al pro, vayamos a cenar un churrasco, musete en el postre con un chupito y acabemos con Martín y el bar cerrado poniendo Los Suaves. Siempre serás así, porque siempre lo has sido, como cuando te conocí. Parece que aún fue ayer.

3 Comments:
At 8:42 p. m.,
luizao said…
Sin duda un rapas irrepetible!! aunque ya lo sabe... los mejores deseos para el y la encantadora Merce en esta aventura que el próximo sabado comienzan...
At 8:47 p. m.,
pepthevet said…
hacia tiempo que no pasaba por aqui, y has hecho que me emocione tio. El sabado va a ser una noche inolvidable, por la fiesta y por los sentimientos. Que no haya brindis en la boda, porque lo que habia que decir ya esta escrito
At 8:59 a. m.,
Poito said…
hace 20 años ¡¡¡¡20!!! un chaval me dijo el primer día de instituto "Pedrito, nos tocó juntos". Y tenía razón. Lo que ni siquiera él sabía era que no se refería simplemente al instituto.
un Saravá para Juantxin.
Saravá!!!!
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