No Somos Nadie

lunes, julio 26, 2010

7x2=14

Nunca debió de marchar. Como Pep nunca debió de jugar en Italia ni Gustavo López en el Cädiz. Al igual que ellos, Raúl tenía que acabar y retirarse en su equipo. Quizá solo jugar un año más, jugar cuando le dieran minutos, hacer lo que se terciase y al acabar el año, ganando algún título (esperemos), anunciar su retirada y que el último partido se cayera el Bernabeu abajo. Eso es lo que hubiera firmado Spielberg. Pero el fútbol se empeña en ser una película de Clint Eastwood, o de Scorsese, donde no siempre ganan los buenos y el final no es de color de rosa. Raúl se va del Madrid. Y tengo que escribirlo para saber que perdemos mucho más que un jugador. De hecho eso es ya casi lo de menos. Pero perdemos algo de sentido. Y eso es más serio.

Hablé mucho, en muchos sitios, de muchas formas y a muchas horas distintas de Raúl. Al final casi me habéis convertido en el Raulista referencia. Lo hice por dos razones: 1. Criticar me parece muy fácil. 2. Apostar por el bueno siempre ha sido cómodo. Nunca me ha gustado el ataque simplón a un jugador que puede levantar un papel, poner sus estadísticas delante de tus ojos y decirte que vuelvas después que ahora no tiene tiempo. Y por eso (y porque adoro discutir) me he ido radicalizando en mi defensa de un tipo que ni siquiera me cae bien, pero que llevaría siempre a la guerra conmigo. Siempre.

Y hoy, coincidiendo (absurdo sería pensar en la casualidad) con el día después del adiós de su antagonista futbolístico pero además íntimo amigo Gutiérrez, sin muchos aspavientos y sin mayor pretensión se va el oficio blanco por la puerta. Sé que muchos os alegrareis, o hasta bromeareis con el momento. En todo caso, como al condenado a muerte se le concede un último deseo, os pido que le concedáis la certeza de sus últimas palabras, que no recuerdo exactas pero interpreto a mi gusto (de eso se trata): "En cada partido, en cada balón, en cada tiro, en cada jugada...he intentado siempre dar lo mejor de mi mismo para mi equipo." Ruego se permita añadir el epílogo de que de verdad lo hizo, no solamente lo intentó, lo cual es mucho decir. Y además, y como última plegaria, supongo que no es descabellado concederle la conclusión de que, a su manera, consiguió ser un referente haciendo sencillamente eso, dar todo lo que tenía.

Dijo Andrés Montes una vez, en un Knicks - Hornets perdido a las mil de la mañana tras un tiro de Lattrel Sprewell: "Oye Daimiel, explícame algo que no entiendo ¿qué tiene que hacer Raúl para que le den el balón de oro?". Entre eso, y que cualquier melenas que pasaba por allí fuera campeón de la Eurocopa 08 y Raúl no, queda mucho dicho.

En un día cómo hoy me permitiré una confesión, ahora que no nos oye nadie (y que negaré haber dicho, claro). Nunca fui tan Raulista y tan obstinadamente anti-Gutista. Nunca. Diciéndolo antes hubiera tenido menos discusiones, y yo no me pierdo una ni a tiros, pero ahora se puede. Yo también soy de los que creo que el 7 se movía en el campo más en la duda que en la certeza; y por supuesto soy de los que nunca pondría a Guti titular pero que, con el partido raro y roto, con el Madrid dudando y confuso veía calentar a Guti y pensaba: "todavía tenemos una bala".

Un homenaje a la afición les queda a estos dos. Cada uno en su estilo, pero lo harán el mismo día. Quizá el día en que el azar caprichoso, que cantaba Serrat, empareje al Madrid con unos alemanes de azul. Ese día en que el Bernabeu vea al Madrid dubitativo y perdido en una maraña de partido. Es entonces cuando alguien se acordará de Guti pero, al preguntar en el banquillo, no estará. Y Guti hará su homenaje, sonreirá en el salón de su casa pensando: "ahora os acordais cabrones". Pero su amigo, camuflado entre el enemigo, enfundado de su chaleco de guerra en ese momento no dará tregua a nadie, y habrá un balón centrado al área que despejará un defensa, quedará muerto en la frontal y ahí, ahí os quiero ver madridistas. Ahí os veré, porque durante un segundo, un solo instante, no encontrareis aire que respirar. Porque habrá un balón muerto, y con ellos...¡ay! con ellos estará Raúl. Y él solo sabrá marcar un golito. Un churrigol. Su homenaje es el gol. Miedo me da.

Gracias par de dos. A uno por desquiciarme y al otro por no fallar. Alguna vez he escrito que adoro dos cualidades: talento y oficio. Ironías de la vida, mi equipo pierde un poquito de cada uno. Pero el fútbol, que se hace de leyenda y de ilusión, gana dos historias. Que ustedes lo disfruten.

sábado, julio 24, 2010

Toros y mitos

En tiempos en los que España gana Mundiales de Fútbol, los bancos se estresan (¿tomaran antidepresivos en formato de subida de tipos de interés? O sea, antidepresivos que son supositorios...para el paria de turno), que Ruiz Mateos vuelve a salir por la tele y otras cuestiones igual de interesantes, mi reciente visita al sur me hace pensar en alguna historia curiosa.

Hace tiempo que me había posicionado, hacia mí mismo, en cuanto a la mal llamada fiesta nacional de los toros. En contra. Así, creyendo que cuanto más simple era la postura, más dogmática se convertía. Y en realidad creo que estaba (o estoy) equivocado en la formulación.

He podido vivir, una vez más, la visión que tienen en ciertos puntos de España sobre la tauromaquia. En este caso estuve en Linares, tierra de toreros por excelencia y que tiene en su historia el haber sido el lugar donde murió Manolete. Por casualidades diversas pude visitar un museo montado en un bar. La "famosa" taberna del Lagartijo, en Linares, alberga en la parte de atrás un espacio en formato museo en el que se respira adoración y mitomanía por todos los lados. Como no podía ser de otra manera, recuerdo y homenaje a Manolete, con la camilla real de su intervención en la plaza allí colocada a modo de altar mayor.

Es profundo el sentimiento de identidad alrededor de tal festejo. En particular me sigue pareciendo horrible, indecente y salvaje. Pero ahora creo percibir algo que me confunde más todavía, y no es solamente el respeto por eso que llaman la tradición, ni el origen de tal atrocidad, sino la sublima dedicación al culto y honra del torero, convertido en deidad mitificada. Más que a quienes juegan al fútbol o cantan en un escenario. Ya no es el seguimiento del toreo desde las posturas carcas y arcaicas, ni como un gesto que marca un estatus de clase (como muchos lo entienden, sobre todo los que se consideran de clase alta), ni como muestra de un supuesto nivel intelectual como algunos quieren mostrar por la presencia de Sabinas varios o los textos Lorquianos mal entendidos fuera de época.

En un país en el que menos del 2% de la población sabría decir cuántos premios Nóbel hemos parido, crece la genuflexión moral ante los máximos exponentes de un acto desgarradoramente inhumano. Personalmente detesto la matanza del toro como fiesta, regodeando en el sufrimiento animal. Trato de respetar a quienes aceptan e incluso gustan de ello, aunque a veces me cuesta soportar la postura. Lo que me deja de verdad descolocado es la idolatría y la parafernalia inmensa e ingente, que persiste en descubrir cuán diferente piensa y siente cada uno, y hasta donde estamos dispuestos a no entendernos como sociedad supuestamente civilizada.