No Somos Nadie

sábado, octubre 17, 2009

¿Por qué todos los jugones sonríen igual?

Es estrictamente necesario, imprescindible, y debería ser obligatorio reirse de nosotros mismos y hacer un show del show, hacer entretenimiento del entretenimiento y permitir que no sea la locura de la grandilocuencia, sino la locura de los locos de verdad la que invada los escacios que dejamos a la diversión y al relax. Es por eso que vivimos de la improvisación y del aire oxigenado que traen los que entienden las cosas al derecho, y luego las ponen del revés.

Sin ánimo de competir por ver quién sabe más, quien vio más, quien escuchó más, yo me apunto a remitirme a las épocas en que en Santiago, con nocturnidad y alevosía, levantábamos la verja de "la de Jose" para ver NBA a las tantas de la mañana. Descubrí entonces que se puede reirse de todo y hablar de deporte como se merece. Descubrí a una de las parejas que, creo, entendieron la televisión hasta el tuétano. Antoni Daimiel, que hoy es un poco menos Daimiel que nunca, fue su contrapunto. La vida en rosa, Daimiel, se ha teñido hoy de algo oscuro.

El fútbol le dio la dimensión universal que lo arrojó al debate eterno de los demás sobre sí mismo. Y si en el mundo de los CR9 y los egos desmesurados, había quien debatía sobre el comentarista, es que algo hubo.

Solamente cabe, sin perderse en recordar tantos y tantos comentarios y tantas y tantas bromas, descubrirse el sombrero y decir hasta siempre a una manera de ver las cosas, a un modo de expresarse. Porque el fútbol o el basket nunca han sido retratados con tanta seriedad como lo hizo él. Porque la clave no es tener todas las respuestas, sino saber hacerse las preguntas adecuadas. Y como hablando de deporte hay que hablar de los buenos, de los que tienen algo diferente, de los que nadie sabe cómo lo hacen pero lo hacen...él encontró la pregunta: ¿Por qué todos los jugones sonríen igual?

jueves, octubre 15, 2009

El Poíto de nuestro rincón

Pedro es buena gente.

Así dicho, en vacío, sin mucho más comentario parecería un comentario más por quedar bien. Pero bien pensado, sabiendo cómo nos invaden día a día los ombligos marchosos y encantados de haberse conocido o los egos maravillados de sí mismos, es mucho decir. Porque Pedro, y esta vez dicho en la plenitud de su significado, es buena gente.

Pedrito (a quien acabé descubriendo como Poíto) tiene un ojo clínico para distribuir la bondad entre su gente. Un tipo de los que merece la pena conocer. Pedrito es un chavalote noble, "bo rapas", de los que sabes que si te guiña un ojo es porque te está dando una pequeña parte de su confianza y que, a ciencia cierta os lo cuento (aunque lo sabeis) no te la dá porque sí. Te la deposita no como quien regala algo sino como quien te otorga la responsabilidad de representarle, de ser uno de los suyos. Pedro no te ofrece su amistad como si fuera un cubata que te da resaca. Más bien te seduce, te enreda, te rodea y cuando te das cuenta te tiene embelesado de su saber estar, de su aportación sensata y precisa.

Sería jocoso decir que Pedro no se casa con nadie. Pero es cierto, al menos en alguna parte. Donde muchos encontramos lo que nos parecen contradicciones, Pedro encierra una opinión profunda y reflexiva. Con criterio, algo que hoy en día está ciertamente en desuso. Culé enfervorizado de corazón (de los que ponen el cagómetro a funcionar cuando toca) te puede desarmar y desnudar los defectos incluso de este propio Barça. Musero convencido, puede haber ganado una mano por la cara de listo pero decir que jugó mal. No es Messi, pero lo suple con voluntad y saber del tema. No es Gasol, pero se faja y se pelea con esfuerzo (ahí está la cuestión) ante cualquiera. Un tipo que nunca te va a dar la razón si no la tienes. Voz de la conciencia, con consciencia.

Pedro es un reconocimiento a la voluntad por los demás, al esfuerzo por hacer de todo esto algo mejor para mañana, al debate de ideas y de argumentos sin darle a nadie gato por liebre. Pedro es de los que reconoce al que tiene que tirar el último balón, pero también de los que no le va a temblar la mano cuando le toque jugárselo. Pedro es un brindis por las noches de cubata en mano y mucha discusión sobre banalidades, es un abrazo a la sencillez. Pedro es un homenaje a los Xavis, los Andreses los Leos y los naranjitas Johan y Dennis (siempre Pedro, siempre). Un homenaje a envidar a pares con dos cerdos "a ver qué pasa", a Bowie, al churrasco con sus amigos y a un fin de semana de sofá y películas.

Un tipo convencido de que no estamos aquí para ver las cosas pasar sino para hacer que las cosas pasan.

Leo, sabemos que nos lo cuidarás, pues ya hace mucho tiempo que eres parte de él y haces que sea como es. Lo que sea nuestro (déjanos pensar que algo hay), estará en buenas manos. Que todas las noches sean noches de boda, y que todas las lunas sean lunas de miel.