No Somos Nadie

sábado, agosto 11, 2007

Javi duerme en el piso de abajo

En los años que van pasando desde que uno empieza la carrera, es frecuente el circular por diversos pisos, viviendas, residencias o similares. En todos ellos uno encuentra aquellos detalles que van formando una parte enorme de su vida universitaria.

En mi caso, que no sé donde debiera poner el límite de lo que fue mi vida universitaria porque, sinceramente, no tengo claro si ha acabado o no, estode deambular por muchas casas ha sido más frecuente todavía. Realmente guardaba la estadística curiosa de cambiar cada año de piso, aunque pudiera mantener compañeros. El único que repitió fue el último de ellos, del que ya os he hablado tan a carne viva que no puedo decir nada más.

Escribo ahora mi primer post desde la nueva morada en Santiago. Con los años uno va cambiando y encontrando nuevas prioridades. Tenía yo ganas de sentirme más habitante de Santiago todavía y para ello pensé en vivir solo y buscar mi casita, mi hogar. Al final nunca se puede cumplir todo lo que se quiere, pero así como pasan los días me doy cuenta de que los cambios sobre el plan inicial son a mejor. No vivo sólo, sino que me acompaña el gran Javi, compañero de carrera en la distancia de lo desconocido, compañero de máster en época de acercamiento, compañero de eso que se supone que hacemos (trabajar, investigar o vaya a saber usted lo que es que hacemos) en donde hemos encontrado una firme amistad.

Javi duerme en el piso de abajo. Y esa frase resume lo más importante de mi nuevo hogar: ¡Javi, y que tiene dos pisos!. En la zona vieja (el otro punto importante y uno de los sueños eternos) encontramos nuestro pequeño dúplex. Estamos tan contentos que más que dúplex parece que tenemos solomillo (chiste malo sólo apto para museros barpuertianos).

Como quiera que la casa de uno puede reflejar buena parte de su forma de ser, creo que ésta me sobrepasa. Espero estar a la altura.

Con todo, aquí empieza una nueva época de Julito. Hay que seguir caminando y creo que hay una buena senda aquí. Bienvenidos seáis los que por aquí vengáis.

domingo, agosto 05, 2007

Saber parar

Un joven leñador, bien fornido, con buena planta y deseoso de trabajar para sacarse unos cuartos, acudió a un grupo de leñadores que trabajaban en un bosque. Se dirigió al jefe para pedirle trabajo allí, prometiendo esforzarse lo máximo posible. El jefe, ante las ganas mostradas, le ofreció la posibilidad de estar la primera semana a prueba y, si cumplía como los demás, le daría trabajo en el grupo.

Mientras todos los leñadores allí cortaban una media de 10 árboles, éste joven sorprendió cortando 25. Tremendamente satisfecho el jefe le ofreció quedarse con ellos pagándole un buen sueldo, lo que el joven aceptó encantado.

Y así pasaron las semanas, durante las cuales el joven seguía esforzándose como el que más. Pasaba allí horas y horas talando árboles, pero su jefe empezó a ver que la cantidad de árboles cortados disminuía: primero fueron 25, pero pronto bajó a 20, 15, 12, 10... y no paró ahí el descenso. Luego fuero 8, 7... Preocupado por el rendimiento de su trabajador, el jefe se acercó a él durante una mañana de trabajo. Sentados en un tronco conversaron largo y tendido sobre muchas cosas de ambos y en un momento el jefe le explicó a leñador su preocupación:

- Sé que te esfuerzas como cualquier otro, sé que intentas hacer tu trabajo lo mejor posible. Sin embargo cada semana baja tu rendimiento. ¿A qué es debido?
- No lo sé. Yo trato de hacer bien mi trabajo, pero cada vez me cuesta más cortar árboles, es como si mi fuerza cada vez fuera menos.

Mientras intentaban solucionar el problema, el jefe cogió el hacha del joven y la sostuvo en su mano. Cuando vió su filo comprendió la situación.

- Este hacha está defectuosa, se ha gastado tanto de tanto talar que apenas corta. Con esta herramienta no puedes trabajar bien. ¿Fue este hacha la misma que tuviste desde un principio?
- Sí, señor. Fue la misma.
- Pero entonces ¿Cómo es que no la has llevado al herrero para que la afile?
- Estaba demasiado ocupado... talando árboles.


A veces, la mejor manera de caminar es parar en el momento adecuado para coger fuerzas.