Si hace falta, está Raúl.
Siempre fue así, y a veces hasta parece que siempre lo será.
No tiene la potencia de Ronaldo, la imprevisibilidad de Romario, la obsesión de Villa, la calidad de Henry, la velocidad de Eto´o... ni siquiera parece un gran tipo cuando acaba el partido. Seguramente es un engreido, un absurdo niño mimado del fútbol de hoy que tanto (y tantos) genera en los últimos años un club tan caótico como incontrolable.
Sin embargo, allá donde juegue ese equipo devastado por sí mismo, estará Raúl. Porque estuvieron muchos, están otros y estarán muchos más. Y al final, cuando uno se va a mirar fríamente lo que pasa, cuando todo empieza a ponerse en duda llega Raúl y mete un churrigol. Y el equipo gana.
Con esa tranquilidad de quien sabe que nadie prestará atención a lo que hace, va y lo hace. Es su oficio. Es su trabajo. Y hace su trabajo, y más. Marcha del campo aplaudiendo a sus compañeros, siempre. Se erige en líder de los grupos más difíciles, pero nunca da un problema en público, nunca un titular macabro, nunca un terremoto. No es así.
Muchos quisieron enterrarle a los 27 o 28. Apenas uno o dos años después de marcar en la final de la tercera Champions que ganaba. Ya había marcado en otra, claro. Y en alguna final intercontinental, también. Porque siempre marca. Uno se va al libro de la memoria, esa selección de momentos brillantes y él nunca está. Está los goles de otros, los pases de otros... él nunca está. Merecidamente porque, aunque la tiene, nunca fue un jugador de la mejor calidad.
En el fondo, la curiosidad está ahí, en que nadie sabe por qué pero está. Y eso confunde y genera dudas, lleva a engaños y a conclusiones erróneas. Hay trabajadores que con su oficio se ganan el lateral derecho, el medio defensivo y algún central. Hay porteros que viven toda su carrera de ser nada más que "sobrios". Hay mediocampistas que pasan toda la vida "aportando". Pero los delanteros están obligados a marcar diferencias, y hoy en día parece que vivimos en un mundo donde las diferencias hay que marcarlas de manera estelar y vender más la forma que el fondo. Por eso se le ha matado demasiadas veces. Por eso algún día alguien dirá: "Ves, yo tenía razón, se retira" sin darse cuenta de que llevará 5,6 o 7 años diciéndolo. Claro, al final todos se retiran.
Hoy leo, y no me cabe más que una sonrisa al hacerlo, que no es simplemente el máximo goleador en la historia de la Champions, sino que empata con el amigo Inzagui como máximo goleador de la historia de las competiciones europeas. Son esas competiciones, para el que lo quiera saber, donde el tema se juega cada día a muerte y no hay amigos. Y será que habrá muchos máximos goleadores, porque sino hablarían de él como el mejor, ¿no? como en la Liga, como en el Madrid, como en la selección.
Creo que es totalmente entendible que se le critique, absolutamente. En cierta manera es normal, e incluso hasta bueno. Y el tipo no hará nada. Se irá aplaudiendo a la caseta, se irá para casa, entrenará sin levantar la voz y cuando le toque volver a salir al campo se dejará los huevos en tratar de que el equipo corra y defienda una camiseta con la que sueñan los niños. Y no será él la estrella nunca, ni siquiera sabemos muy bien a qué se dedica (a veces delantero, a veces mediapunta, a veces interior derecho...) pero el tipo, cuando vas y miras lo que de verdad hace tu equipo, te lo encuentras. Este año lleva 9, el año pasado metió 20...
Al final, cuando nadie cree en el equipo, cuando estamos todos a punto de mandarlo todo al viento e irnos a ver al Villareal, al final aparece. Porque las estrellas son otra cosa, pero cuando estás jugándote las habas y no tienes ninguna luz que te ilumine, si eres del Madrid estás salvado... porque está Raúl.
No tiene la potencia de Ronaldo, la imprevisibilidad de Romario, la obsesión de Villa, la calidad de Henry, la velocidad de Eto´o... ni siquiera parece un gran tipo cuando acaba el partido. Seguramente es un engreido, un absurdo niño mimado del fútbol de hoy que tanto (y tantos) genera en los últimos años un club tan caótico como incontrolable.
Sin embargo, allá donde juegue ese equipo devastado por sí mismo, estará Raúl. Porque estuvieron muchos, están otros y estarán muchos más. Y al final, cuando uno se va a mirar fríamente lo que pasa, cuando todo empieza a ponerse en duda llega Raúl y mete un churrigol. Y el equipo gana.
Con esa tranquilidad de quien sabe que nadie prestará atención a lo que hace, va y lo hace. Es su oficio. Es su trabajo. Y hace su trabajo, y más. Marcha del campo aplaudiendo a sus compañeros, siempre. Se erige en líder de los grupos más difíciles, pero nunca da un problema en público, nunca un titular macabro, nunca un terremoto. No es así.
Muchos quisieron enterrarle a los 27 o 28. Apenas uno o dos años después de marcar en la final de la tercera Champions que ganaba. Ya había marcado en otra, claro. Y en alguna final intercontinental, también. Porque siempre marca. Uno se va al libro de la memoria, esa selección de momentos brillantes y él nunca está. Está los goles de otros, los pases de otros... él nunca está. Merecidamente porque, aunque la tiene, nunca fue un jugador de la mejor calidad.
En el fondo, la curiosidad está ahí, en que nadie sabe por qué pero está. Y eso confunde y genera dudas, lleva a engaños y a conclusiones erróneas. Hay trabajadores que con su oficio se ganan el lateral derecho, el medio defensivo y algún central. Hay porteros que viven toda su carrera de ser nada más que "sobrios". Hay mediocampistas que pasan toda la vida "aportando". Pero los delanteros están obligados a marcar diferencias, y hoy en día parece que vivimos en un mundo donde las diferencias hay que marcarlas de manera estelar y vender más la forma que el fondo. Por eso se le ha matado demasiadas veces. Por eso algún día alguien dirá: "Ves, yo tenía razón, se retira" sin darse cuenta de que llevará 5,6 o 7 años diciéndolo. Claro, al final todos se retiran.
Hoy leo, y no me cabe más que una sonrisa al hacerlo, que no es simplemente el máximo goleador en la historia de la Champions, sino que empata con el amigo Inzagui como máximo goleador de la historia de las competiciones europeas. Son esas competiciones, para el que lo quiera saber, donde el tema se juega cada día a muerte y no hay amigos. Y será que habrá muchos máximos goleadores, porque sino hablarían de él como el mejor, ¿no? como en la Liga, como en el Madrid, como en la selección.
Creo que es totalmente entendible que se le critique, absolutamente. En cierta manera es normal, e incluso hasta bueno. Y el tipo no hará nada. Se irá aplaudiendo a la caseta, se irá para casa, entrenará sin levantar la voz y cuando le toque volver a salir al campo se dejará los huevos en tratar de que el equipo corra y defienda una camiseta con la que sueñan los niños. Y no será él la estrella nunca, ni siquiera sabemos muy bien a qué se dedica (a veces delantero, a veces mediapunta, a veces interior derecho...) pero el tipo, cuando vas y miras lo que de verdad hace tu equipo, te lo encuentras. Este año lleva 9, el año pasado metió 20...
Al final, cuando nadie cree en el equipo, cuando estamos todos a punto de mandarlo todo al viento e irnos a ver al Villareal, al final aparece. Porque las estrellas son otra cosa, pero cuando estás jugándote las habas y no tienes ninguna luz que te ilumine, si eres del Madrid estás salvado... porque está Raúl.
